La vida y los zapatos.

Hace algún tiempo, cuando me quedé nuevamente sola, comenzé a cambiar todo en mi casa, en cada esquina, y en cada armario, talvéz para no sentir el cambio, o para no sentir la soledad... Cuando se ha pasado mucho tiempo junto a alguien, y ese "alguien" se va, uno queda como una mesa a la que le falta una pata, ya no funciona bien, ni funciona igual.
En ese tiempo acontecieron tantos cambios en mi vida, pero talvéz lo más duro, fue enfrentarme nuevamente a la soledad, con el corazón destrozado por todo lo demás que había sucedido... Al caminar nuevamente por las calles vacías, sin compañía, sin recibir una caricia, un abrazo, una palabra de amor, por días, semanas, y meses, me di cuenta que siendo honesta, no había vuelto a pensar en estar sola, nunca llegué a pensar que volvería a estar así, no estaba definitivamente entre mis planes, ni sentir tanto dolor, ni volver a enfrentarme al sufrimiento de tal manera. Cuando analizo todo lo que pasó, y cómo reaccioné, cambiando muebles, ordenando armarios, colocando nuevas cortinas, hay algo que me llama la atención; y son mis maltratados zapatos, talvéz porque al verlos sentí que reflejaban los cambios de mi vida en este tiempo... Ver mis zapatos, fue como recorrer todo de nuevo, con la nostalgia de la aceptación de que ya todo había pasado... Fue como ver lo maltrecho que se sentía mi corazón después de tanto que lo habían pisado, con dolores, esperanzas rotas, llantos y esperas... Con mis zapatos he caminado mi vida, he sufrido mis dolores, y he reído mis alegrías; y al verlos noté que estaban hechos trizas, cansados, tristes, gastados, viejos, ya casi sin suela, y unos ya casi se hicieron pedacitos… Sería alguna señal?
A mí me encanta comprar zapatos buenos, finos, aunque no compre muchos, pero me fascina sentir que calzo bien, que mis pies están cómodos para sentirme cómoda yo, saber que mis zapatos no me aprieten los pies. No sé si serán manías, pero los zapatos son tan importantes… Con ellos se da cada paso, se enfrenta cada situación; son como la cama donde descansan los pies, y al mismo tiempo su lugar de trabajo; son los que nos ayudan a caminar, los que se cansan de dar vueltas con nosotros, sin encontrar un lugar fijo para estar… Pero los zapatos no se compran por comprar; se compran para algo especial, o cuando uno se los prueba y siente que esos zapatos le pertenecen, que fueron hechos para uno. Porque uno se prueba zapatos que no le quedan, que le aprietan, que son muy duros, que tienen una suela no tan buena; tantos zapatos! Para mí los mejores zapatos, son los que miras, los examinas y están perfectos, desde la suela hasta su calidad, y te los pruebas y se sienten cómodos, buenos, ricos; como cuando llegas cansado a casa y sientes paz...
De hecho, uno se apega a los zapatos, se pone ciertos pares siempre, y olvida los demás, porque uno tiene sus zapatos preferidos; los cuida e incluso les tiene cariño; pero cuando se gastan, se siente una pérdida, un poco de impotencia, y aunque desees conseguir otro par igual ya no los encuentras, y trata por todos los medios de arreglarlos, de cubrir los desperfectos, para evitar que queden inservibles, porque han caminado a nuestro lado tanto, siendo testigos mudos de tantas tristezas y alegrías, por las noches y mañanas, dando los primeros pasos en el trabajo, a la hora de ir a una cita, o el momento de ir al amor... Hay zapatos con los que uno se siente vestido para trabajar, otros que son hechos para fiestas, o para descansar, y zapatos que te hacen sentir desde que los ves por la vitrina, que son tuyos, que van a darle hogar a tu alma caminante, y harán sentir a tus pies que están en casa, sin cansarse, o sentir incomodidad, o dolor, porque fueron hechos para ti...
La relación entre la vida y los zapatos, puede sonar extraña, pero de hecho ese sentimiento que existe por ellos, se parece a tantos sentimientos e historias... Uno se apega a cosas y personas, a formas de vivir, y también se siente desgastado, cansado, viejo, hecho trizas... justo como los zapatos! Que guardan tanto de nuestra vida, y reflejan incluso cuánto hemos caminado! En este tiempo en que mi vida ha dado tantos giros, y volví a enfrentar a la soledad, miré mis zapatos y descubrí que me sentía casi como ellos se veían, hechos trizas. Ahora, creo que al igual que renuevo mi alma, saldré a comprar unos bellos, y cómodos zapatos, para celebrar el comienzo de este nuevo caminar.
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Autor: Trini
Sabes? una vez recomendé a un querido amigo que ensayara la soledad. Él dijo. y eso cómo se hace? y yo le dije que estando ratos a solas, haciendo cosas a solas, así llegado el caso de que se quedase solo sabría defenderse en el silencio.
Quizá sea fácil para mi hablar así, pues nunca he estado sola por falta de compañia aunque si me he sentido muchas veces sola, de esa soledad interior tan dificil de erradicar.
A mi también me encantan los zapatos y tengo los más queridos y cómodos siempre al uso, pero suelo comprar unos nuevos para ir acomodando mis pies al cambio cuando hay de dejar de usar los viejos. Hablo de zapatos solamente...
Un abrazo
Fecha: 02/12/2005 17:34.
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Autor: Maldito Duende
En relación al texto, no pude para de imaginarme a Forrest Gump con sus zapatos gastados, sentado en el banco de la parada del colectivo.
Nada más y aprovecho el hecho, para levantar mi copa y brindar por cada nuevo "empezar a caminar"
BESO DESDE EL BENDITO IMPERIO DEL DUENDE MALDITO
Fecha: 03/12/2005 14:10.
Autor: Habra que animarse
Yo lo vivi, yo lo vivo. Suerte.
Fecha: 05/12/2005 21:19.
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Autor: Artemisa
me encantó encontrar tu rinconcito...
Besos
Fecha: 06/12/2005 12:50.

