La necesidad de sentir... (Con ese hueco en el corazón...)

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Hace un poco más de un mes, una joven de mi pueblo se casó, ella es muy dulce y tierna, y él muy trabajador y cariñoso, al verlos, siempre se tiene la sensación de que fueron hechos el uno para el otro.
 
Pues unas semanas atrás, decidí hacer algo que hace años no hacía; caminar… Y caminé del Centro a mi casa, y es curioso como al ir caminando por la calle ves tantas cosas… Pues curiosamente coincidí en el preciso momento en que un hombre llegaba a su casa y, al bajarse del automóvil e ir caminando hacia la entrada, salió su esposa, feliz, con una sonrisa de oreja a oreja a recibirlo, y se dieron un beso tierno y lleno de esperanza, y eran ella y él, vaya coincidencia, ni tenía idea de dónde vivían… Pero al fin, entraron y cerraron la puerta…
 
Y yo me quedé ahí caminando en la acera, haciendo el esfuerzo de que no notaran que me había quedado casi petrificada por la escena casi irreal que ellos habían protagonizado. Seguí caminando, dando pequeños pasos lentos por la acera como suelo hacerlo; pero esta vez iba mucho más lento, sin darme cuenta había comenzado a cuestionarme, a meditar sobre todo lo que les pasaba a ellos y no me pasaba a mí; iba sintiendo lo que se siente reconocer todo lo que hace tiempo ya no se siente… Esa tarde caminé más lento que nunca, creo que el camino de mis pensamientos hacia mi interior es mucho más largo de lo que yo hubiese pensado, porque esa fue la caminata más larga que he dado, una caminata hacia mí misma, hacia lo que siento y lo que quiero y no tengo. En esa caminata me tardé casi una hora, para recorrer una distancia de menos de 1 kilómetro. Pero de más de 1000 días de soledad; soledad acompañada y soledad sin compañía.
 
No sé cómo explicarlo, pero fue cruel analizar, con ese hueco en el corazón, lo mucho que en algunos momentos se ahnela una caricia, una sola caricia; y no me refiero a las caricias del  sexo, sino a caricias mucho más profundas, esas que sientes más allá de la piel, esas que incluso se dan con una mirada, con estar cerca, con un toque en la mano, ó con un abrazo. Fue también cruel analizar lo mucho que se vive de esta vida, acompañado en soledad…
 
Con la vida, el trabajo, las compras del mes, el tráfico vehicular, los asuntos personales que no son tan personales, y las actividades a las que debemos ir, aunque no queramos… Con todo eso  tapamos, o escondemos dentro de nuestro “mundo ajetreado”, todas las necesidades que realmente tenemos como seres humanos, y las vamos arreglando luego de manera superficial. Por ejemplo, un día sumamente triste se puede mejorar un poco saliendo por ahí a caminar mientras se relaja la mente y hasta el corazón. Una lágrima se puede convertir en una sonrisa si alguien se acerca te da un abrazo y te dice algo para hacerte reír… Pero eso no es esa felicidad que realmente buscamos, ni es arreglar nuestras cosas, ni es lo que  realmente necesitamos, aunque se arregle por un momento.  No podemos pasarnos la vida con máscaras, ocultando las cosas, disfrazando lo que necesitamos con trajes de ocación, con arreglos de momento, por guardar apariencias o no reconocer que no se es tan feliz como se quisiera… Nunca podremos sentirnos tan omnipotentes como para no necesitar a alguien, o no necesitar una caricia, un poco de amor, del que llega al alma y reconforta, pero también, del amor que se da en las caricias de pasión… Siempre existe esa necesidad de ser otra vez sentido y sentir; esa hambre, ese antojo de dar unos besos, de dejarse llevar, de dejarse caer… Nada hacemos guardando siempre la imagen de pulcritud, porque somos “personas decentes”, si no somos de piedra, no. Como canta una vieja canción de Joaquín Sabina: “La buena reputación es conveniente dejarla caer a los pies de la cama, hoy tienes una ocación, de demostrar que eres una mujer además de una dama…”

Pues sí, así como se lee, la buena reputación, la apariencia de todo lo que debemos ser, aunque por debajo de la piel se sienta mucho más… Acaso debemos siempre esconder nuestros instintos, escondernos tras la máscara de no necesitar a alguien por estar muy ocupados, muy llenos de trabajo, de estudio, de obligaciones, por estar con la persona incorrecta, por no querer estar con la persona correcta, o por no poder traspasar esa delgada línea de la infelicidad a la dicha, solamente para quedarle bien a los demás, y no mostrarnos débiles… Parte de la gran infelicidad del ser humano existe por la mentalidad de conformarse, de aparentar… Aparentar ser feliz cuando no se es, aparentar estar bien cuando estamos hechos trizas, aparentar no necesitar de alguien, cuando necesitamos urgentemente un abrazo, una señal de vida que nos diga que aún estamos vivos, que existimos; que no somos ese reflejo de ser humano caminando, trabajando, comiendo y durmiendo cada día, que está a pocos pasos de convertirse en un robot…. Porque la realidad es que dentro de esa delgada capa de frialdad hacia nosotros mismos, estamos vivos, con miles de deseos, de anhelos, de miedos, y de sensaciones dormidas, que esperan ahí para despertarse otra vez.
 
Tenemos necesidad de compañía, porque siempre necesitamos sentir que sentimos, dejarnos llevar por esos momentos en los que los pies se nos pierden del suelo, y se nos va la cabeza en ese tren lleno de sensaciones, porque sí, es bueno dejarse rendir por esas cosas que nos quitan esos antojos de piel, esos antojos que a diferencia del hambre de pasión simple  y llana, son antojos que nacen de lo más profundo de nuestro interior, y que aunque deseemos, no deberíamos ocultar, porque en ellos están asfixiándose por no poder respirar ni vivir, esas cosas que siempre guardamos para no mostrar nuestra debilidad. Talvéz suene complicado, pero si alguien lo siente, sabe lo que se siente ese sentir; no tengo nisiquiera necesidad de explicárselo.
 
Simplemente, en esa caminata hacia mi interior, descubrí que aunque queramos vivir diferente, ocultando sentimientos, no debemos ocultarnos de nosotros mismos, ni dejar morir tantos deseos, sin haber nacido; no deberíamos jamás ponernos límites, e imponernos conductas, simplemente para estar bien con los demás, o con lo que erróneamente creemos que queremos, para quedar bien con ideales, reglas o palabras, a costas de quedar muy mal con nosotros mismos. Porque ver felicidad, y no tenerla, duele, desde el hambre hasta los huesos.

14/12/2005 17:03

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Autor: Trini

Quizá, no sea guardar las apariencias, quizá sólo sea evitar un daño, que nos hagan daño. No sé. Entiendo perfectamente lo que dices y que a veces, un abrazo supone más que mil pasiones, pero también sé que nos encerramos en la coraza por temor al rechazo, por temor a que nos rompan el alma y ahí en nuestro hueco, junto con el vacío, nos encerramos y vemos pasar la vida.

Otra cosa, no te confundas, en todos lados cuecen habas no hay que fiarse en demasía de la ostentación del amor. Todos, absolutamente todos sufrimos una carencia.

Un abrazo

Fecha: 15/12/2005 14:06.


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Autor: Maldito Duende

Coincidencia de temas. Sólo hay que darle la oportunidad al tiempo de que nos permita sentarnos en una mesa de café y pagarle uno a esa Soledad turra y degradante.
BESOS y perdón por la demora en pasar por acá. Con esto de la navidad y problemas laborales no ando mucho por internet. BESOS

Fecha: 15/12/2005 14:07.



Autor: Mujer de papel

Coincidencia de temas, como dice mi amigo Duende...de mil maneras diferentes todos hablamos de esta "minita Soledad que nos estruja el alma mientras ironicamente se hace la confidente, la compañera.
Creo que somos naufragos en la red tratando de salvarnos de ella.

Fecha: 15/12/2005 17:01.


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Autor: Nicolás

Yo también he sentido algunas veces esto que describes, y lo has descrito muy bien.
Una vez que cesa el dolor del abandono, la nostalgia de la felicidad, el recuerdo de la compañía, uno termina por acostumbrarse a convivir con la soledad.
Y, sin embargo, cuanto más se acostumbra uno... más duelen estos episodios momentáneos en los que, de repente, caes en la cuenta de todo lo que no tienes.

Fecha: 15/12/2005 17:05.


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Autor: Dayana Litz

Qué decirte??? Una u otra vez hemos caminado en la vida con la añoranza y deseos incumplidos en los hombros... También he andado en la noche petrificada ante la alegría de otros y llevando en mi interior la sensación de intentar amar, al menos un segundo, a la persona deseada.

Fecha: 15/12/2005 18:45.


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Autor: mOe:)

Precioso post...pero...
¿Solo sentir la soledad como la falta??
¿no sentir el hueco
como agujero limpio,
vaciarse y quedarse dispuesto, abierto como un vaso al rocío??? :)

Fecha: 15/12/2005 19:04.



Autor: ideas

ME quedo con esta frase:
"El camino de mis pensamientos hacia mi interior es mucho más largo de lo que yo hubiese pensado

Fecha: 17/12/2005 17:13.


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Autor: Ga

Pasaba a conocer tu blog y me encantó.
Me pongo cómoda y me quedo :)
Besos

Fecha: 18/12/2005 01:27.


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