Mi pueblo...

Vivo en un pequeño pueblo de pocos habitantes, un único semáforo, pocas calles y sobre todo, donde todo, todo el mundo se conoce… En mi pueblo, vas a la estación de gasolina, y si eres buen cliente o amigo, te dan crédito, simplemente por firmar una factura, y luego cada mes pagas algo o todo lo que debes y va la vuelta a empezar otra vez. Y así es en muchos comercios, las tiendas, las farmacias, el almacén de comida, etc… Es un pueblo, en el que puedes dejar tu coche abierto, y vuelves y está ahí (con todo lo que tenía adentro), donde los niños corren y juegan tranquilos por las calles, donde sales caminando de tu casa y en un ratito estás en “el centro”, para hacer las diligencias necesarias. Donde vas a la plaza a ver jugar fútbol a los chicos del colegio o la universidad cada domingo religiosamente. Donde llamas al banco y te ayudan amablemente porque todos te conocen, donde salir a hacer diligencias, es algo muy similar a hacer vida social, porque cada cinco metros te encuentras a algún conocido / amigo, y ya tienes que parar un rato para charlar. Donde te enfermas y cuando te das cuenta llega un vecino que ni conoces a dejarte algún remedio casero, o alguna fruta, “para que te sientas mejor”. Un pueblo, que es tan pequeño en territorio y población, como grande en espíritu. Y en fin, un pueblo, como es conocido a nivel nacional… “Un pueblo para hacer amigos…”
Para muchos incluso parecería imposible creer esa descripción, creerían que he entrado en el tema de la ficción, pero lo crean o no, lo hayan imaginado o no, es así. Mi pequeño pueblo, es uno de los más pequeños de mi país, pero para mí al menos uno de los más bellos. Casi no tiene lugares para salir, ni a comer, ni a tomar algo; tiene unos 5 restaurantes formales, unos 6 de comida rápida, 3 bares, un Club, un café, y nada más. Pero, para compensar todo eso, tiene algo que lo saca de todo lo rural: alberga en sus canchas de fútbol y el espacio a los alrededores, las fiestas más grandes y con más visitantes de todo el país.
Se ha convertido en una tradición cada año, el segundo jueves de enero, que aproximadamente unas 6.000 personas o más (tomando en cuenta que mi país es pequeño), viajen de cualquier lugar del país, para venir al Tope de inicio de las fiestas, donde se exhiben los más preciosos caballos españoles, y de otros linajes que hay en el país. Luego, durante una semana y media, cada día y mucho más, cada fin de semana viajan más de 10.000 personas a mi pequeño pueblo para disfrutar de todo tipo de entretenimiento. Desde maquinitas para los más chicos, hasta “Toldos“ llenos de chicas y chicos bailando y tomando para los más grandes.
Esta situación por lo tanto genera todo tipo de crisis. La distancia entre mi pueblo y la capital es aproximadamente en coche de una hora, pero en esos días, puedes tardar incluso 6 horas recorriendo 54 kilómetros, por la cantidad de gente que viene y va. Los autobuses viajan cargados de gente. La “vida” en “el centro” ya no se mantiene de la misma manera. Algunos negocios cierran días que generalmente no cierran, como el día del “Tope”, que se considera “día festivo” después del mediodía, por lo que incluso los bancos del Estado se cierran, claro; solamente en mi pueblo… El resto del país avanza casi igual…
Generalmente, esos son días de visita a las casas de quienes vivimos ahí, todos los amigos vienen para dejar el coche en tu casa, para dormir, quedarse, etc … y en esos días, como las mismas noticias lo aclaran, “más de uno se consigue incluso a un novio o novia…” Son días de fiesta, de poca tranquilidad, de huída a otros lugares por parte de algunos –como yo-, que preferimos estar lejos del mundanal ruido.. Pero días lindos a la vez.
Lo extraño, es que después de casi 5 años de no asistir, este año rompí la regla, fui un fin de semana a un “toldo” a “mover el esqueleto” (que ya de esqueleto no tiene nada… digo, por aquello de las carnitas que se llegan con los años y que se sitúan donde uno menos quiere…y nos hacen trabajar extra en el gimnasio), y me impresioné, cómo es posible con una situación económica como la actual, que tanta gente (joven en su mayoría, a los que son los padres los que les dan el dinero), pague la suma de alrededor de 15 a 20 dólares, o más por el hecho de “entrar”. Vaya, yo lo hubiese pensado para pagarlos, incluso cuando me di cuenta de lo que había pagado quien me invitó a asistir, sentí incluso pena. Pero bueno, intenté disimular por el simple hecho de que me sorprendí mucho.
Pero, ante todo, lo que vi, ayer que volví a asistir, a un concierto, (para sentirme joven, ji ji), fue algo que me ha dejado un gran vacío. Hace un mes vi en las noticias ese acontecimiento horroroso, en el que 3 chicos tan jóvenes han quemado viva en España a una pobre mujer en un cajero automático, y esa escena se ve a menudo, es agresión, no importa si es de jóvenes a adultos o viceversa, si es por racismo, si es de ricos hacia pobres, o viceversa, si es por motivos religiosos, de derechos sociales, o por licor o drogas…
Me quedé, con el cuerpo en un temblor (soy tremendamente cobarde, me asusto, en la forma más extraña, por temor de que me hagan algo a mí; pero si tengo que ir a decirle algo a alguien que está cometiendo una injusticia, muy diplomáticamente me salen fuerzas para intervenir en defensa de… aunque debo admitir que NUNCA me dejan, pero sí lo haría). En fin, ayer, me quedé paralizada al ver cómo la gente ya no es gente, ya no siente, ya no ves la manera de ser humano y ayudar a los demás, no, ahora la manera de ver la vida es que si alguien está en problemas, yo veo el “espectáculo”, y me divierto con él, y luego pasa a convertirse en la charla de la semana… con expresiones de “vieras qué buenos los golpes que le daban, le sacaron la sangre; y yo le pegué una patadilla a el muchacho para vacilar…”.
Estas fiestas, por la cantidad de alcohol que la gente toma, e incluso las drogas que me imagino consumen, hacen estragos en la gente, pierden conciencia, habilidad mental, serenidad, se pierden a sí mismos… Ayer al igual que cada día al parecer, dos personas con un poco más del alcohol que deberían ingerir en sus cuerpos, se “agarran” literalmente a golpes, hasta casi matarse, y los “espectadores”, en lugar de intentar detener el problema, se unen a cualquiera de los dos que pelean, y lanzan patadas y golpes a diestra y siniestra, “por diversión”, mientras los restantes, que miran placenteros la exhibición, gritan eufóricos: “mátelo, mátelo”. Y yo me pregunto, después de ver la cara de un chico de menos de 20 años, totalmente enrojecida por la sangre, por las miles de patadas que le han propiciado: Qué ha pasado con nosotros, con nuestra sociedad? Qué ha pasado que la gente no comprende que los que están en el problema son gente, con familia, con madre, con sentimientos?
Antes, se veían algunos casos aislados de este tipo, pero ahora es algo de cada día, como el pan y como el sol… Y eso, eso me ha dolido, en el alma… Me ha dejado sin palabras otra vez, ante una sociedad que ya no valora la vida, ni nada. Una sociedad, que tiene de humana el título nada más, porque el significado de ser humano ya no lo incluyen en la vida.
Y eso, eso me ha entristecido, profundamente, por todo; por el dolor físico, el llanto de cada madre, hija o novia, que ven a sus “hombres” llegar del hospital cuando iban de fiesta. Me ha dolido por ver la realidad tan cruel y cruda como muchas veces quizá me la niego, por ver cómo se pierde todo, y cada generación cambia y es totalmente diferente. Me ha dolido, por el simple hecho de que ya no parecemos humanos, sino seres desconocidos (porque no le encuentro un adjetivo calificativo a nuestra especie). Y sobre todo por ver cómo la mente “humana” ha cambiado tanto, que ahora golpear, herir, o matar a alguien, en lugar de ser un caso aislado, produce “diversión y entretenimiento”.
Me ha dolido porque eso cambia todo el mundo, y cambia a mi pequeñito pueblo, que se convierte en estos días en un valle de gente ebria, buscando diversiones normales pero a desmedida, y de “gente” que busca diversión y hombría, en dañar a los demás…
Ese, es mi pueblo, un pueblo que después de 13 días de fiesta, vuelve a la normalidad, a la paz, pero con algunas heridas. Mi pueblo, “un pueblo para hacer amigos”…
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Autor: Nicolás
Y sí, cuesta imaginar que tu pueblo sea tan idílico, sí...
Supongo que te costaría asimilar la indiferencia hacia el prójimo y la deshumanización de la vida social en España. Cosas como ésa que relatas, unos jóvenes asesinando a una mendiga "por diversión", ya no son excepcionales y, si bien no son habituales, son la punta del iceberg que marca la tónica general: la gente vive su vida, se encierra en sus casas, no conoce al vecino, y ya está.
Antes, hace décadas, no era así. Pero es lo que trae el progreso y la afluencia económica. Triste, pero cierto, aquí, en Estados Unidos, y en cualquier país "rico".
Fecha: 23/01/2006 17:41.
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Autor: Nicolás
lo siento :-#
Fecha: 23/01/2006 19:54.
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Autor: PrincesadelGuisante
Fecha: 24/01/2006 00:05.
Autor: ideas
Fecha: 24/01/2006 01:10.
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Autor: Rafael
Fecha: 24/01/2006 11:27.
Autor: fuzzy
En cuanto a la violencia, y los casos que comentas, me niego a creer que eso sea normal.. no puede ser natural hacerle daño a alguien sin ningún vestigio de conciencia.
Pienso en la gente que conozco, pienso en la gente que todos los días ayuda a los demás; pienso en cuanta gente sufre por el dolor ajeno, y me reconforta.
(he descubierto tu blog a traves del blog de nicolás, y me ha gustado mucho tu comentario sobre los blog... y ya me estoy enganchando).
un beso.
Fecha: 24/01/2006 11:56.
Autor: aminuscula
Puede que no haya cambiado nada en realidad. Puede que sólo estemos idealizando el pasado.
Un beso
Fecha: 24/01/2006 12:37.
Autor: beclen
Saludos y gracias por tu visita, así me has dado la oportunidad de conocerte y leerte.
Fecha: 24/01/2006 16:14.
Autor: Trini
En las fiestas es distinto el alcohol y las reuniones de mucha gente del pueblo y de fuera hace que el menor altercado se dispare. En fin ...
Un abrazo
Fecha: 24/01/2006 18:16.
Autor: Una mirada...
Saludos.
Fecha: 24/01/2006 23:04.
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Autor: Athena
Fecha: 24/01/2006 23:42.
Autor: elbucaro
Fecha: 25/01/2006 18:00.

