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07/06/2006

Y dijimos que estaba bien...

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Estos días estuve revisando algunos de los links de algunos blogs. Y lo hice por varios días para chequear o interiorizar que el mundo muchas veces se mueve de maneras que no nos imaginamos, y que lo que creemos que existe es mucho más sorprendente la mayoría el tiempo de lo que nuestra imaginación puede concluir.

Cuando comencé en el mundo de los blogs, lo hice con la convicción de que eran espacios literarios que hablaban de poesía, etc. o espacios personales que hablaban de cosas de la vida, o incluso espacios de "lo que sea.com" pero jamás imaginé (y conste que no los des catalogo porque sé que hay mucha literatura de ese género) que hubiesen tantos "blogs" dirigidos o disfrazados, que se llevaran tanto en la parte "sexual".

Existen "blogs" que casi podrían ser nominados páginas "xxx" y eso me parece algo un poco macabro. No soy ninguna santa, pero creo que hay o debería haber ciertas advertencias sobre el tipo de página al que se entra. Y generalmente en un "blog"  no se espera este tipo de "literatura", menos aún cuando es descrita de forma demasiado detallada, o incluye fotografías que casi se podría decir que son "non gratas" al menos no para todos, (e insisto, no soy ninguna santita ni nada que se le parezca pero tengo mis creencias) aunque es lógico que para muchos lo son, y eso de igual manera se respeta.

En mi "research"  descubrí cosas que realmente me sorprendieron, sé y estoy muy clara que para gustos los colores, y que si no quieres leer este tipo de "escrituras" pues no entras y ya, pero cuando estos links vienen de links, que vienen a su vez de otros links que no tienen nada que ver con esos links... Te sacas gato por liebre, como dicen... No juzgo ni prejuzgo, aclaro; simplemente me expreso libremente ante algo que me ha llamado la atención.

Y antes de dar una opinión al respecto, me dediqué a analizar un poco estos "blogs", dándome la oportunidad de ver si en alguno de estos "blogs" había  algo escrito que no fuese puro instinto carnal, que aparece en estas páginas de modo demasiado grotesco para mi gusto personal. Sé que cada persona es diferente, que cada uno de nosotros es un mundo, pero me ha llamado demasiado la atención esto. Por eso luego de días de tratar de encontrar un poco de historia u opinión de la vida regular de algún ser humano como lo que ha sucedido en su vida, algo que no le ha gustado de las noticias, etc. y encontrarme solamente con xxx páginas, comprendí que estos "blogs" en especial, lejos de ser "blogs" regulares son páginas casi morbo disfrazadas de "blog".

Caigo en cuenta de que nadie ha establecido jamás, un formato especial de lo que se debe escribir o no en un blog, que son páginas totalmente libres, y que las ve quien quiera... Y justo ahí está el punto: "quien quiera", y hay miles de niños que entran en este mundo cibernético cada día, y que a mi posiblemente ilusa opinión, merecerían al menos una advertencia de lo que van a ver... (Al igual que nosotros que quizá no queramos ni leer esas historias, ni ver esas fotografías, claro que para eso está el teclado y le damos "escape", pero si no, también pregunto si para eso no deberían haber categorías, formatos diferentes, advertencias, etc.)

Espero no haber tocado ningún detalle sensible que afecte a nadie, simplemente desahogo la opinión que se atoró en mi garganta... Si bien ser de opiniones cerradas (como la mía) no es muy bueno, ser demasiado permisivos, tampoco ayuda mucho...

Les dejo esto que leí hace mucho y que puede ser usado un poco en mi  argumento:

En la entrevista que le hicieron a la hija de Billy Graham en el “Early Show”, Jane Clayson le preguntó: ¿"Cómo pudo Dios permitir que sucediera esto?" (Se refería a los ataques del 11 de septiembre.) Anne Graham dio una respuesta sumamente profunda y llena de sabiduría.

Dijo: "Al igual que nosotros, creo que Dios está profundamente triste por este suceso, pero durante años hemos estado diciéndole a Dios que se salga de nuestras escuelas, que se salga de nuestro gobierno y que se salga de nuestras vidas. Y siendo el caballero que Él es, creo que se ha retirado tranquilamente. ¿Cómo podemos esperar que Dios nos dé Su bendición y Su protección cuando le hemos exigido que nos deje estar solos?"

A la luz de ciertos sucesos recientes... ataques de terroristas, balaceras en las escuelas, etc. Creo que todo comenzó cuando Madeleine Murria O"Hare se quejó de que no quería que se rezara en nuestras escuelas. Y dijimos que estaba bien. Ella fue asesinada y hasta hace poco que se descubrió su cuerpo.

Luego alguien dijo que mejor no se leyera la Biblia en las escuelas... La Biblia dice no matarás, no robarás, amarás a tu prójimo como a ti mismo.
Y dijimos que estaba bien.

Luego el Dr. Benjamín Spock dijo que no debíamos pegarle a nuestros hijos cuando se portan mal porque sus pequeñas personalidades se truncarían y podríamos lastimar su autoestima. Dijimos que los expertos saben lo que están diciendo. Y dijimos que estaba bien. El hijo del Dr. Spock se suicidó.

Luego alguien dijo que los maestros y directores de los colegios no deberían disciplinar a nuestros hijos cuando se portan mal. Los administradores de las escuelas dijeron que más valía que ningún miembro de la facultad de las escuelas tocara a ningún estudiante que se porte mal porque no queremos publicidad negativa y por supuesto no queremos que nos vayan a demandar (hay una gran diferencia entre disciplinar, tocar, golpear, cachetear, humillar, patear, etc.)
Y dijimos que estaba bien.

Luego alguien dijo, dejemos que nuestras hijas aborten si quieren, y ni siquiera tienen que decirles a sus padres. Y dijimos que estaba bien.
Luego uno de los consejeros del consejo de administración de las escuelas dijo, ya que los muchachos siempre van a ser muchachos y de todos modos lo van a hacer, démosle a nuestros hijos todos los condones que quieran para que puedan divertirse al máximo, y no tenemos que decirle a sus padres que se los dimos en la escuela. (Muchas chicas mueren por abortos mal practicados, y chicos y chicas truncan su bienestar emocional y general muchas veces, por entrar en vidas adultas siendo aún niños.)  Y dijimos que estaba bien.

Luego algunos de nuestros principales funcionarios públicos dijeron que no importa lo que hacemos en privado mientras cumplamos con nuestro trabajo. Estuvimos de acuerdo con ellos y dijimos, no me importa lo que nadie, incluyendo el Presidente, haga en su vida privada mientras yo tenga un trabajo y la economía esté bien.
Y dijimos que estaba bien.

Luego alguien dijo vamos a imprimir revistas con fotografías de mujeres desnudas y decir que esto es una apreciación sana y realista de la belleza del cuerpo femenino. Y dijimos que estaba bien. Pero luego alguien más llevó más allá esa apreciación y publicó fotografías de niños desnudos, llevándola aún más allá cuando las colocó en Internet. Y dijimos que estaba bien. Ellos tienen derecho a su libertad de expresión.

Luego la industria de las diversiones dijo, hagamos shows por televisión y películas que promuevan lo profano, la violencia y el sexo ilícito. Y dijimos que estaba bien. Grabemos música que estimule las violaciones, las drogas, los suicidios y los temas satánicos. Y dijimos que estaba bien. Y dijimos, no es más que diversión, no tiene efectos negativos, de todos modos nadie lo toma en serio, así que adelante.

Ahora nos preguntamos:
• ¿Por qué nuestros niños no tienen conciencia?
• ¿Por qué no saben distinguir entre el bien y el mal?
• ¿Por qué no les preocupa matar  a desconocidos, a sus compañeros de escuela, o a ellos mismos, o violar a otras personas como mujeres, hombres, e incluso niños inocentes que han sido ultrajados?


Probablemente, si lo pensamos bien y despacio, encontraremos la respuesta. Creo que tiene mucho que ver con "LO QUE SEMBRAMOS ES LO QUE RECOGEMOS." Es curioso cómo la gente simplemente manda a Dios a la basura y luego se pregunta por qué el mundo está en proceso de destrucción.

07/06/2006 00:53 Autor: consalenloslabios. Enlace permanente. Tema: Analogías Hay 21 comentarios.

12/06/2006

Palabras mal entendidas, o claridad de entendimiento.

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A raíz de la interesante comprensión del texto anterior (que me ha fascinado), he decidido colocar parte de este texto que leí y que refleja lo que muchas veces sucede: leemos, pero damos traducción a lo que leemos según nuestro criterio, nuestras experiencias... Porqué será que aunque todos leamos exactamente lo mismo, entenderemos cosas diferentes...?

Les dejo el link para que quienes lo deseen lean el texto completo: http://www.gandalf.it/esp/sencil.htm

La humanidad de la internet (los caminos de la red son infinitos) 

"Sencillez, claridad, brevedad (entender y hacerse entender)" 

La red no está hecha de máquinas, conexiones, softwares o protocolos. Está hecha de personas.

El secreto de una comunicación eficaz es siempre el mismo: ponerse en el lugar de la otra persona. Esto es verdad en toda forma de comunicación humana. Pero se vuelve aun más importante en red porque el excesivo énfasis sobre las tecnologías puede hacernos perder de vista los valores humanos; y porque cuando no vemos a la otra persona, o no sentimos inmediatamente su voz, podemos tener la falsa sensación de que no se trate de un diálogo rico de humanidad, de emoción, de calor y de sentimiento.

Otro factor importante es la sencillez. Escribir (o hablar) en modo confuso, oscuro y complicado es muy fácil. Pero a menudo es un modo de esconder una escasa claridad de pensamiento. Puede ser trabajoso releer y corregir para arribar a la claridad. Pero si no tenemos el deseo o el tiempo de hacerlo debemos preguntarnos si tenemos realmente algo que decir.

Sencillez quiere decir también brevedad. Decía Blas Pascal, escribiendo a un amigo: «perdón por esta larga carta, pero no tuve tiempo de escribirla corta». Con frecuencia un texto puede ser mejorado acortándolo. Pero también la brevedad, alguna vez, puede inducir a error... lo que para nosotros es intuitivamente claro puede necesitar una explicación cuando lo decimos a otras personas. En suma un texto bien escrito contiene “todo lo necesario y nada más que lo necesario”. Esto, obviamente, no significa ser “telegráficos”. Una comunicación eficaz no está privada de sentimientos y de emociones, y para transmitirlos puede ser necesaria una palabra más. No significa siquiera renunciar a la espontaneidad. La frescura de un pensamiento, de una sensación, puede ser mucho más importante que la “perfección” gramatical u ortográfica.

Si escribimos a un amigo, que nos conoce bien, podemos incluso permitirnos arrojar palabras y enviarlas sin releerlas. Pero es sorprendente cómo personas incluso muy cercanas a nosotros pueden entendernos mal si no nos expresamos con claridad. En un coloquio personal, o incluso por teléfono, podemos darnos cuenta de que una persona no nos ha entendido e inmediatamente corregir o explicarnos. Pero en red scripta manent: a veces interminables debates e incomprensiones nacen de pocas palabras mal entendidas.

En suma vale la pena escribir menos, y cuando escribimos releer y corregir. Ese poco de empeño podrá hacernos ganar respeto y simpatía y evitarnos problemas y polémicas insensatas. Es importante también saber escuchar y entender la mentalidad de los otros. Una de las cosas más interesantes de la red es que nos permite encontrar personas diferentes, con culturas, mentalidades y actitudes lejanos de aquellos a los que estamos habituados. Este es un valor extraordinario, pero debemos saber respetarlo y cultivarlo. Una persona puede ser diferente de nosotros porque vive en India o en China; pero puede también estar a dos pasos de nuestra casa y tener un modo diferente de pensar. Entender bien a los otros puede requerir un poco de paciencia y de atención, pero vale la pena. Podemos hacer todo tipo de interesantes descubrimientos humanos y culturales; ampliar la mente y enriquecer nuestra sensibilidad. Esto es cierto en toda relación humana que vaya más allá de los límites del habitual vecindario. Pero en red se vuelve más importante, porque la posibilidad de exploración y de relación son infinitas.

Giancarlo Livraghi

gian@gandalf.it

Traducción de María Copani mcopani@sion.com y Pino Laurenza lauren@uni.net

15/06/2006

Los Extremos se Tocan.

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"Somos las primeras generaciones de padres decididos a no repetir con los hijos los errores de nuestros progenitores."

Y en el esfuerzo de abolir los abusos del pasado, somos los padres más dedicados y comprensivos pero a la vez, los más débiles e inseguros que ha dado la historia. Lo grave es que estamos lidiando con unos niños más "igualados", beligerantes y poderosos que nunca.

Parece que en nuestro intento por ser los padres que quisimos tener, pasamos de un extremo al otro.

Así, somos la última generación de hijos que obedecieron a sus padres y la primera generación de padres que obedecen a sus hijos.

Los últimos que le tuvimos miedo a los padres y los primeros que les tememos a los hijos. Los últimos que crecimos bajo el mando de los padres y los primeros que vivimos bajo el yugo de los hijos.

Lo que es peor, los últimos que respetamos a nuestros padres, y los primeros que aceptamos que nuestros hijos nos falten al respeto.

En la medida que el permisivismo reemplazó al autoritarismo, los términos de las relaciones familiares han cambiado en forma radical, para bien y para mal.

En efecto, antes se consideraban buenos padres a aquellos cuyos hijos se comportaban bien, obedecían sus órdenes y los trataban con el debido respeto. Y buenos hijos a los niños que eran formales y veneraban a sus padres.

Pero en la medida en que las fronteras jerárquicas entre nosotros y nuestros niños se han ido desvaneciendo, hoy los buenos padres son aquellos que logran que sus hijos los amen, aunque poco los respeten.

Y son los hijos quienes ahora esperan respeto de sus padres, entendiendo por tal que les respeten sus ideas, sus gustos, sus apetencias y su forma de actuar y de vivir. Y que además les patrocinen lo que necesitan para tal fin.

Como quien dice, los roles se invirtieron y ahora son los papás quienes tienen que complacer a sus hijos para ganárselos y no a la inversa, como en el pasado.

Esto explica el esfuerzo que hacen hoy tantos papás y mamás por ser los mejores amigos y parecerles "a todo dar" a sus hijos.

Se ha dicho que los extremos se tocan. Y si el autoritarismo del pasado llenó a los hijos de temor hacia sus padres, la debilidad del presente los llena de miedo y menosprecio al vernos tan débiles y perdidos como ellos.


Los hijos necesitan percibir que durante la niñez estamos a la cabeza de sus vidas como líderes capaces de sujetarlos cuando no se pueden contener y de guiarlos mientras no saben para dónde van. Si bien el autoritarismo aplasta, el permisivismo ahoga.

Sólo una actitud firme y respetuosa les permitirá confiar en nuestra idoneidad para gobernar sus vidas mientras sean menores, porque vamos adelante liderándolos y no atrás cargándolos y rendidos a su voluntad.

Es así como evitaremos que las nuevas generaciones se ahoguen en el descontrol y hastío en el que se está hundiendo una sociedad que parece ir a la deriva, sin parámetros ni destino.

 

Angela Marulanda

http://www.angelamarulanda.com/

19/06/2006

Las mejores cosas de la vida son gratis.

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Alguna vez me he preguntado qué es realmente lo esencial para vivir...
He pensado que simplemente estar vivo, pero luego he caído en cuenta que para estar vivo, se necesitan fuerzas, agua, alimento, sueño, aire, y ganas de vivir. Pero con el paso del tiempo es curioso observar cómo se cambia de formas de pensar al respecto: en mi caso personal, de niña, ni siquiera tenía noción del tiempo, de los gastos, de las preocupaciones, de nada... Pero aún así guardaba en un cajón esas "heridas" que me acompañarían hasta hoy (el divorcio de mis padres, alguna que otra separación, la soledad, los juguetes que quise y nunca recibí, aquellos castigos por mis travesuras, y los rechazos que te hacen sin saber todo lo que te van a doler por siempre.)

Luego, ya de joven en plena adolescencia, pensaba que lo esencial para vivir, era la música, intentar vestir a la moda (si te gustaba y te sentaba bien claro está), o inventar tu propia moda personalizada (cosa que siempre hice muy bien), hablar de esos chicos guapos que había en la escuela, y bueno para mí, aprender Inglés. Y ahí también iba guardando en un cajón más “heridas” (sentirse mal, humillado, despreciado, con el corazón destrozado; no poder hacer algo que quieres por estar castigado.)

Ya en la universidad, el mundo comenzó a parecerme diferente, comencé a experimentar cambios, (quizá más de los que hubiese querido), en mis gustos, en mi forma de pensar, en la manera de ver y analizar el mundo a mi alrededor. Y seguía guardando “heridas” en un cajón, que no todos eran mis amigos, que algunos de los que yo pensaba no lo eran, que se pierde algún curso.)

Más adelante, ya en medio del trabajo, y de la universidad, con los días eternos llenos de poco alimento (porque no daba tiempo ni de comer), y las desveladas noches vacías de sueño, comencé a formar a la persona que soy... Y seguía guardando “heridas” en un cajón que ya no tenía espacio ni para un suspiro (el cansancio que nadie comprendía, el esfuerzo que nadie reconocía, el corazón que confiaba y se volvía a destrozar.)

Creo que la vida desde el mismo momento en que somos concebidos comienza a formarnos, pero que la manera en que nos forma, es determinada por cómo fueron formados nuestros padres, las personas con las que nos relacionamos a menudo, por el ambiente que nos rodea, por las experiencias, y la actitud que tomamos frente a ellas, e incluso por los traumas y éxitos de nuestros padres. 
Pero esa misma vida que en cierta manera está ya predeterminada en su forma, se termina de formar cuando vemos el mundo por medio y con nuestros propios ojos, cuando vivimos nuestras propias experiencias haciéndonos responsables de nuestros actos y muchas veces, de nosotros mismos, aunque en realidad nunca terminamos de formarnos porque cada día es algo nuevo, cambiamos y vivimos nuevas experiencias.

Cuando paseas por los pasillos de la universidad, o de el trabajo, haces algo más que simplemente caminar por ahí, no sé cómo explicarlo del todo, pero ahí, en esas aulas y oficinas frías, llenas de gente, entre esos libros tan usados, y esas computadoras y teléfonos que te están esperando, en esas largas noches e interminables días, en esas horas "cero" que te aterran para llegar a un examen, o para entregar un trabajo final, en ese tiempo compartido con gente tan variada, en esos días llenos de amistad y de traición, de fracasos y de éxitos, llenos de ansiedad y de sueños. Ahí justamente, es cuando comenzamos a cambiar y a ver el mundo, tal y como es, y no precisamente como nos lo habíamos imaginado.

Con el tiempo te vas sorprendiendo al ver que todo lo que crees haber aprendido no es sino una pequeña parte de lo que es realmente la vida; te das cuenta de que te falta tanto, pero, al mismo tiempo te llenas de vida, por el gozo que te produce vivir, en un mundo que te ofrece algunas altas, y devastadoras bajas, traiciones y desamores, pero a la vez, sorpresas agradables y algún corazón. En un mundo que te sana los oídos con canciones de Sabina, con piezas de Strauss, con palabras dulces llenas de amor. En un mundo que a pesar de tanto daño, te ofrece un poco de cariño, que te da libertad de ser y de vivir, que puede causarte heridas, pero que te da a cambio, un poema de amor, y para ser honestos en un mundo que te ha dado más de lo que quisieras pedir

Con el paso del tiempo, uno conoce otros rincones del mundo, se entera de cosas que jamás pensó, conoce gente, se cae, se levanta y se vuelve a caer, para intentar levantarse otra vez; e incluso sufre, llora, padece soledad, pero está vivo, puede sentir un beso, dar un abrazo, expresar una lágrima, y eso es parte de lo esencial... Con el paso del tiempo, uno tiene que intentar guardar todo lo que ya hemos guardado con los años en ese cajón de “heridas”, e intentar superar los dolores, las traiciones, y agradecer la vida, y todo lo que nos da, desde abrazar a un hermano, hasta ser felices, y amar. 

Lo esencial para vivir, es tener vida, respirar, contar con un gran amigo, tener alguien a quien querer, hacer algo que te haga sentir útil, no conformarse e intentar hacer siempre más, aunque sea en cosas pequeñas, pero hacer y dar más. Entregarse al amor (de todos los tipos) con todo el corazón, aunque ya te hayan herido. Quererse a uno mismo, hacer lo que nos gusta, leer, saber comunicarse, no ser egoísta, valorar lo mucho que se tiene aunque sea poco, porque hay otros que no tienen nada, y por supuesto dar amor… (Y todo esto gratis.)

“Creo que muchas veces detenemos nuestra vida esperando que el mundo nos vea, en lugar de movernos para intentar ver el mundo que nos abraza a la vida.”

21/06/2006

Amor se llama el juego.

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Una tarde se vieron, conociéndose por una casualidad premeditada del destino. El, alto, fuerte, de mirada dulce y sonrisa implacable; ella, menuda (para el tamaño de él), frágil, de ojos pícaros y sonrisa tímida.  

Hablaron unos minutos, y luego llegaron a su destino, con sus amigos (el mejor amigo de él, y la mejor amiga de ella), que eran pareja… Si bien en un principio no existió esa  atracción magnética que caracteriza las grandes historias, al paso de los minutos fueron aconteciendo poco a poco, destellos de luz, detalles puntuales que fundaron dudas, quimeras, ilusión… 

Fue curioso como al tiempo, luego de intercambiar algunas palabras, se volvieron a ver, ansiosos, tímidos, y llenos de esperanza. Nuevamente sus dos amigos (el mejor amigo de él, y la mejor amiga de ella) les acompañaron. Parecía un almuerzo interminable, pero no por estar empañado del aburrimiento, sino porque el tiempo les duró tanto como ellos quisieron.  

Luego, el día después y los días subsecuentes, él pensaba en ella, y ella no podía dejar de pensar en él. Así se emprendió, luego de una tímida llamada, esa historia llena de todo y vacía de tanto, amor, dolor, esperanza, dudas, pasión, sentimiento, tristeza, desespero, vida.  

Perduró el tiempo que tenía que perdurar, con intentos, tentaciones, alegrías y hasta soledad. Fueron años de sus vidas, compartidos sin compartir, unidos sin depender, pero dependiendo al mismo tiempo. Acompañándose en sus historias, brindándose apoyo, e incluso agradeciendo algún regaño, con la pasión y la ternura como grandes aliados. 

Años de su vida (la de ella), llenos de vida y a la vez soledad, conformándose con ese todo que era nada. Y años de su vida (la de él), llenos de esperanza, aliviando sus errores, y quizá cayendo en más a la vez.

Los mejores años de una vida, la vida de dos; una historia que es amor, y que regaló gozo y esperanza, para lamentablemente al final, terminar como todo termina, sabiendo que existió amor, pero almacenando en los recuerdos un tanto de dolor. 

¿Quién diría que los sueños cambian? ¿Quién sabría que la vida no siempre nos da lo que esperamos recibir?  ¿Quién desafiaría al tiempo y a la vida? ¿Quién apostaría que el amar y el querer no siempre nos termina bien?

El agua apaga el fuego y al ardor los años,

Amor se llama el juego

en el que un par de ciegos juegan a hacerse daño,

y cada vez peor y cada vez más solos,

y cada vez más "tú" y cada vez más "yo",

sin rastro de “nosotros”” 

Joaquín  Sabina..

27/06/2006

Cuando me amé de verdad...

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Cuando me amé de verdad... Comprendí que en cualquier circunstancia yo estaba en el lugar correcto, en la hora correcta, en el momento exacto. Entonces, me relajé. Hoy sé que eso tiene nombre... Autoestima.

Cuando me amé de verdad... Me di cuenta que mi angustia y sufrimientos emocionales no pasan de ser una señal de que voy en contra de mis verdades. Hoy sé que eso es ... Autenticidad.

Cuando me amé de verdad... Dejé de desear que mi vida fuese distinta y comencé a ver que todo lo que sucede contribuye a mi crecimiento. Hoy a eso le llamo... Madurez.

Cuando me amé de verdad... Comencé a entender cómo es ofensivo forzar alguna situación, o a alguien sólo para realizar mis deseos aún sabiendo que no es el momento, ó que la persona no está preparada, ó que ni yo mismo lo estoy. Hoy sé que el nombre a esto es... Respeto.

Cuando me amé de verdad... Comencé a despojarme de todo lo que no fuera saludable: personas, tareas, situaciones, y cualquier cosa que me desanimara. Al principio, mi razón me llamó la atención acerca de esa actitud aparentemente egoísta. Hoy sé que se llama... Amor Propio.

Cuando me amé de verdad... Dejé de temerle a mi tiempo libre y de hacer grandes planes. Abandoné poryectos a muy largo plazo. Hoy hago lo que considero correcto, lo que me gusta, cuando quiero y a mi propio ritmo. Hoy sé que eso es .... Simplicidad.

Cuando me amé de verdad... Desistí de querer tener siempre la razón y al hacerlo cometí menos errores. Así descubrí la ... Humildad.

Cuando me amé de verdad... Dejé de revivir el pasado y de preocuparme por el futuro. Ahora, me mantengo en el presente, que es donde la vida realmente ocurre. Hoy vivo, un día a la vez, eso es... Plenitud.

Cuando me amé de verdad... Entendí que mi mente puede perturbarme y decepcionarme, pero cuando la coloco al servicio del corazón, se torna una enorme y valiosa aliada. Todo eso es... Saber Vivir.

Kim  McMillen  &  Alison  McMillen

Fragmento del libro:

“Quando  me  amei  de  verdade”

 

Traducción al español por Eduardo e Irany Lecea.

 


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