
Puede sonar posiblemente muy ególatra, pero creo que soy superior de lo que me he situado a mí misma en muchos aspectos; creo que me he reducido a mí misma en tantos campos y aspectos, y he perdido –atrozmente- el tiempo de muchas maneras. No voy a decir que el tiempo que se pasa en la vida realizando cosas que no precisamente son lo que esperábamos es tiempo perdido, no, eso es experiencia, pero eso es también un alegato que sirve de una excusa y que nos damos a nosotros mismos para continuar por el camino trazado, ese camino que exclusivamente nos lleva hacia donde ya han ido todos los demás, y de esa manera nos conformamos con hacer cosas mínimas, dejando atrás nuestro potencial.
Sí, he perdido tiempo de muchas maneras, mientras me conformaba con las migajas que la vida me podía ofrecer, mientras me limitaba a recoger las sobras que dejaban los demás, mientras me compadecía de mí misma por los problemas “enormes” que tenía, en lugar de buscar soluciones. El tiempo se me ha ido mientras lloraba en mi cuarto por amores que nunca supieron estimar lo que hay en mí, sencillamente por no ser las personas adecuadas, el uno para el otro; he perdido porque me he dejado vencer por muchas cosas y muchas personas en la vida, renunciando a ver el panorama al final de la batalla, porque me he dejado doblegar por otros a los que yo misma les he concedido el hacerlo al juzgarme inferior que ellos. Yo misma me he permitido perder, he provocado un inconmensurable deterioro en mi persona, originando mucho de ese daño del que me quejo y posiblemente culpo a otros.
Hoy siento el corazón oprimido, y el llanto casi rozándome el alma, porque tengo 29 años y no sé hasta dónde he llevado mi vida, y cómo me he hundido a mí misma… Dicen que tener lástima por otros es una pérdida de tiempo, y que tenerla por uno mismo es aún peor. Y no sé hasta qué punto, me he perdido en mi propia miseria.
Mi vida, qué ha sucedido con ella, con la persona que conocí en mí, que tenía tantos sueños, metas, propósitos. No me reconozco, ahora limitada en tantos campos, enteramente conformista, y relegada. ¿Por Dios, qué nos dejamos hacer por nosotros mismos en esta vida? ¿En qué nos convertimos?
¿Cómo puedo enfrentarme a la vida con paz interior, con la frente en alto, con satisfacción interna, si he dejado tantas cosas por la mitad, o casi a medio metro de llegar al final, a medio camino de obtener lo que me hizo iniciar la lucha? Innegablemente de esa forma únicamente he conseguido minimizarme más, sentirme menos completa, menos útil, e incluso menos realizada. Porque uno triunfa de muchas maneras en la vida, pero una de esas maneras es alcanzando ó logrando las metas que algún día nos propusimos.
Yo lo reconozco, me he volví conformista por la vida, por el trabajo, por las relaciones, por mi tiempo; he reducido a mi persona –que creía íntegra- a ser una más del montón, de los que se resignan, de los que se dejan vencer. He dejado que una dificultad me haga sentirme menos y me haga abandonar metas que estaba a punto de alcanzar; he perdido oportunidades, por sentirme “a gusto” con lo poco que tenía pudiendo tener más, he dejado que mi corazón se involucre con hombres no correctos, sabiendo que saldría herida; y eso lo he permitido únicamente yo.
No podemos justificarnos ni lanzarles a otros, culpas que nos corresponden de manera exclusiva. NO. Las cosas las dejamos pasar nosotros, nosotros instruimos a los demás en cómo nos deben tratar, nosotros nos ponemos nuestros propios límites, nosotros nos rendimos ante las circunstancias; nosotros únicamente nosotros, y eso duele mucho, porque somos nosotros mismos -como dicen- los creadores de nuestro propio destino, y si creemos que estamos encerrados en un período del tiempo en que nos sentimos infelices, solamente nosotros nos hemos encaminado hacia allí.
Duro, sí; difícil de confrontar, también; pero totalmente verdadero. Me permito colocar un ejemplo, ¿cuántas personas nos manifiestan las estadísticas están desempleadas? ¿Se han fijado en los centros comerciales esas tarjetitas de cumpleaños que hacen prácticamente a mano, esos floreros que hacen con vidrio soplado, esas flores disecadas que venden con cintas de colores, esos “adornos” que vemos tan curiosos hechos en casa por alguien con ingenio, y a base de residuos de cualquier material? Entonces no es que no existe manera de hacer las cosas, simplemente es que nos limitamos. Sé que es difícil para muchos encontrar un trabajo, pero la vida brinda oportunidades, simplemente no las queremos ver.
La vida la reducimos a tan poquito siendo tan grande, casi tan grande como nuestros sueños; y en esa reducción, nos sometemos a nosotros mismos y ni lo aceptamos, ni queremos ver la salida. Tampoco es que vamos a ser los salvadores del mundo, pero sí podemos al menos alcanzar lo que nos hemos propuesto en la vida.
Muchos de los que nos rodean no es que se han limitado, simplemente ya alcanzaron lo que más querían, y si nosotros no lo hemos hecho, pero nos conformamos con “algo” para ir sobreviviendo, resignándonos de muchas maneras, nos estamos cortando las alas…
Así que he decidido que quiero más, y no sé cómo lo voy a lograr, pero lo voy a intentar. No es que tenga a menos lo que hago, porque gozo de tener la suerte –como muchos de nosotros- de cada día en cierta forma colaborar en algo con la humanidad. Pero voy a organizar mis propósitos, mis metas, lo que he hecho y he dejado de hacer; voy a cambiar, a crecer en intenciones, porque aspiro realizar algo que permanezca, ser una mejor persona, sentirme más plena, ser más, encontrar mi sitio…