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01/12/2005
Estados de ánimo

Cuán agradable es sentirse en paz, tener estabilidad, leer, comer bien, disfrutar de un buen vino, escuchar buena música, conocer lugares nuevos, estar en soledad.
O mejor aún, robarse el tiempo, para disfrutarlo con amigos, o a solas para escribir sentimientos. La fascinación que dejan las palabras del alma, las charlas interesantes, llenas de sencillez. Ser sinceros, y tener al lado corazones sinceros, que si el silencio pide a gritos un alma para hablar, nos puedan consolar
Cuán desagradable es ver que este mundo tan frío, hipócrita y vacío, esté tan podrido y perdido, vestido de mentira, lleno de miseria, donde lo material y la apariencia, tan superficiales, son más importantes que un corazón. Lo egoísta de la gente, que piensan sólo en sí mismos y olvidan a los demás, esas injusticias de gente millonaria, que no tiene nada, y gente que se muere de necesidad, siendo más que millonaria. Que el valor de alguien se juzgue por la cuenta del banco o la marca de su auto.
Es detestable que valgan más las etiquetas de la ropa o el color de la piel, que un corazón lleno de buenos sentimientos. Que se inventen excusas para disfrazar engaños, en lugar de ser frontales y sinceros, que es igual a ser mejores, y más buenos. Duele que el amor caprichoso, haga añicos de un alma, por aferrarnos a alguien, sin ser dueños de nada. Que la distancia acerque, pero mantenga a la gente alejada. Que los huecos del corazón, y sus dolores, ni con los años pasan. O ser tan frágil que no se pueda controlar el corazón, y se olvide que en esta vida que para muchos ya no es nada, lo realmente importante es invisible para el alma.
Y duele reconocer que tantas veces olvidamos a Dios.
Mayo 25, 2005.
La vida y los zapatos.

Hace algún tiempo, cuando me quedé nuevamente sola, comenzé a cambiar todo en mi casa, en cada esquina, y en cada armario, talvéz para no sentir el cambio, o para no sentir la soledad... Cuando se ha pasado mucho tiempo junto a alguien, y ese "alguien" se va, uno queda como una mesa a la que le falta una pata, ya no funciona bien, ni funciona igual.
En ese tiempo acontecieron tantos cambios en mi vida, pero talvéz lo más duro, fue enfrentarme nuevamente a la soledad, con el corazón destrozado por todo lo demás que había sucedido... Al caminar nuevamente por las calles vacías, sin compañía, sin recibir una caricia, un abrazo, una palabra de amor, por días, semanas, y meses, me di cuenta que siendo honesta, no había vuelto a pensar en estar sola, nunca llegué a pensar que volvería a estar así, no estaba definitivamente entre mis planes, ni sentir tanto dolor, ni volver a enfrentarme al sufrimiento de tal manera. Cuando analizo todo lo que pasó, y cómo reaccioné, cambiando muebles, ordenando armarios, colocando nuevas cortinas, hay algo que me llama la atención; y son mis maltratados zapatos, talvéz porque al verlos sentí que reflejaban los cambios de mi vida en este tiempo... Ver mis zapatos, fue como recorrer todo de nuevo, con la nostalgia de la aceptación de que ya todo había pasado... Fue como ver lo maltrecho que se sentía mi corazón después de tanto que lo habían pisado, con dolores, esperanzas rotas, llantos y esperas... Con mis zapatos he caminado mi vida, he sufrido mis dolores, y he reído mis alegrías; y al verlos noté que estaban hechos trizas, cansados, tristes, gastados, viejos, ya casi sin suela, y unos ya casi se hicieron pedacitos… Sería alguna señal?
A mí me encanta comprar zapatos buenos, finos, aunque no compre muchos, pero me fascina sentir que calzo bien, que mis pies están cómodos para sentirme cómoda yo, saber que mis zapatos no me aprieten los pies. No sé si serán manías, pero los zapatos son tan importantes… Con ellos se da cada paso, se enfrenta cada situación; son como la cama donde descansan los pies, y al mismo tiempo su lugar de trabajo; son los que nos ayudan a caminar, los que se cansan de dar vueltas con nosotros, sin encontrar un lugar fijo para estar… Pero los zapatos no se compran por comprar; se compran para algo especial, o cuando uno se los prueba y siente que esos zapatos le pertenecen, que fueron hechos para uno. Porque uno se prueba zapatos que no le quedan, que le aprietan, que son muy duros, que tienen una suela no tan buena; tantos zapatos! Para mí los mejores zapatos, son los que miras, los examinas y están perfectos, desde la suela hasta su calidad, y te los pruebas y se sienten cómodos, buenos, ricos; como cuando llegas cansado a casa y sientes paz...
De hecho, uno se apega a los zapatos, se pone ciertos pares siempre, y olvida los demás, porque uno tiene sus zapatos preferidos; los cuida e incluso les tiene cariño; pero cuando se gastan, se siente una pérdida, un poco de impotencia, y aunque desees conseguir otro par igual ya no los encuentras, y trata por todos los medios de arreglarlos, de cubrir los desperfectos, para evitar que queden inservibles, porque han caminado a nuestro lado tanto, siendo testigos mudos de tantas tristezas y alegrías, por las noches y mañanas, dando los primeros pasos en el trabajo, a la hora de ir a una cita, o el momento de ir al amor... Hay zapatos con los que uno se siente vestido para trabajar, otros que son hechos para fiestas, o para descansar, y zapatos que te hacen sentir desde que los ves por la vitrina, que son tuyos, que van a darle hogar a tu alma caminante, y harán sentir a tus pies que están en casa, sin cansarse, o sentir incomodidad, o dolor, porque fueron hechos para ti...
La relación entre la vida y los zapatos, puede sonar extraña, pero de hecho ese sentimiento que existe por ellos, se parece a tantos sentimientos e historias... Uno se apega a cosas y personas, a formas de vivir, y también se siente desgastado, cansado, viejo, hecho trizas... justo como los zapatos! Que guardan tanto de nuestra vida, y reflejan incluso cuánto hemos caminado! En este tiempo en que mi vida ha dado tantos giros, y volví a enfrentar a la soledad, miré mis zapatos y descubrí que me sentía casi como ellos se veían, hechos trizas. Ahora, creo que al igual que renuevo mi alma, saldré a comprar unos bellos, y cómodos zapatos, para celebrar el comienzo de este nuevo caminar.
06/12/2005
El ascensor.

El ascensor...
3 – 2- G – B ...El ascensor de mi trabajo, va del 3 al B, y en él hay tanto tiempo, como poco espacio.
Cada mañana al ingresar bajo del G al B, y es curioso, como mientras el ascensor baja, la mente se queda en blanco, como esperando una respuesta, algo que cambie la vida, o sea un resplandor en la oscuridad.
Me pongo a pensar cuánto tiempo gastamos cada día, en caminar, tomar el autobús, conducir el auto, tomar el ascensor... Es mucho, pero es tiempo de descanso, es tiempo de nosotros, nada más. Mientras caminamos o viajamos, no hacemos otra cosa, pensamos, descansamos del trajín de cada día, hacemos una que otra llamada...
El día, de cada día, esas 12 horas de sol, precioso, resplandeciente, las pasamos trabajando, y cuando es un día festivo, o el ansiado fin de semana; lo disfrutamos tanto, precisamente porque los demás días disfrutamos el esplendor de la vida, tras la ventana de la oficina...
Así es la vida, a veces llena de alegría, y otras encerrada en cuatro paredes, que talvéz consideramos simplemente “trabajo”, pero que son más nuestra casa, que la casa misma... Cuánto tiempo real pasamos en nuestra casa haciendo otra cosa, que no sea dormir... Casi nada, pero eso nunca lo analizamos, y nuestra casa sin pensarlo pasa a ser un dormitorio de nuestra vida.
No sé si reflexionar más sobre cómo deberíamos sentirnos en el trabajo, que es donde pasamos la mayor parte del tiempo activo a la semana, o sobre cómo deberíamos aprovechar el poco tiempo que compartimos en casa, con nuestros seres más cercanos y queridos...
Porque el tiempo de cada día, esas 24 horas de las cuales pasamos despiertos menos de 20, se van tan rápido como sube o baja el ascensor... Nos despertamos en el B, y cuando nos damos cuenta ya estamos en el 3...
El ascensor, de la vida va de la niñez hacia la vejez; el del tiempo va de la mañana hacia la noche, y el de nosotros mismos que va de lo que mostramos exteriormente hacia lo que realmente somos por dentro...
Cada cosa en la vida es como un ascensor, lo único que debemos saber, es aprovechar el tiempo de la mejor manera, para que cada lugar, cada parada, sea lo que realmente queremos, para dar en cada día y a cada uno, lo mejor de nosotros mismos, antes de que se nos llegue la última parada, y nos toque bajar...
09/12/2005
Nostalgia

Hoy al despertar sentí algo que hace algunos meses no sentía, nostalgia...
Me levanté un poco más tarde con la prisa del que va a perder el bus, y mientras preparaba mis cosas y me daba un baño, de pronto me encontré encerrada en el recuerdo del pasado que tanto extraño, pero que a diario niego.
Fue muy curioso el hecho de que sin un motivo en particular, comenzé a pensar en lo lindo que es levantarse con una ilusión, pensar que se tiene una cita, y enfrentarse con la duda gigantesca de qué vestido usar... Y de repente, percibí la razón por la cual estaba así: el tiempo, el hecho de estar sola, la navidad...
Sentir el viento de diciembre, ese frío casi helado que te recorre la piel, ver las luces, los colores, ir al centro comercial y ver a cada persona cargada de bolsas con regalos, tener como tema con la familia cuál será la cena de Noche Buena y la de Año Nuevo, sentir la navidad, y sentirse solo...
¡Ese es el porqué me siento así! Vaya, que si uno lo piensa, qué difícil es... ¿Cómo va a acostumbrarse uno a desacostumbrarse a alguien...? Eso es un trabajo de tiempo, y cuando llegan estas épocas no es lo mismo; y sí, duele, se sienten los cambios, desde el clima hasta el corazón.
Me provoca una sonrisa en el fondo, ver que a pesar de todo, uno no esta sólo. Una vez en una película llamada "El lado oscuro del corazón" escuché una frase que decía: "Basta con que alguien te piense para convertirse en recuerdo..." Y no se me olvidó jamás que si uno recuerda a alguien, entonces ya no está tan solo.
En fin, hoy fue uno de esos días, en los que a pesar de despertarme sola, me desperté acompañada, pero sin nadie alrededor; acompañada de un recuerdo; y mientras recibía el sol en mi cara, prisionera del tráfico acumulado camino al trabajo, escribí:
"Para ese recuerdo que me acompaña:
Hoy amanecí nostálgica, algunas veces te extraño, aunque sé que me hace mal; pero debe ser el clima, la lluvia, la niebla, el olvido... o esta sola navidad"
Al llegar al trabajo, leí el pequeño mensaje que aunque tenía destinatario, nunca iba a ser enviado, y menos recibido, y me descubrí escribiendo estas palabras que al final son solamente memorias de la soledad y de esos recuerdos que negamos, pero que siempre están. Y me receté un "¡Feliz Día!", porque al final solos o acompañados, estos son días de dar y darse amor y celebrar.
14/12/2005
La necesidad de sentir... (Con ese hueco en el corazón...)

Hace un poco más de un mes, una joven de mi pueblo se casó, ella es muy dulce y tierna, y él muy trabajador y cariñoso, al verlos, siempre se tiene la sensación de que fueron hechos el uno para el otro.
Pues unas semanas atrás, decidí hacer algo que hace años no hacía; caminar… Y caminé del Centro a mi casa, y es curioso como al ir caminando por la calle ves tantas cosas… Pues curiosamente coincidí en el preciso momento en que un hombre llegaba a su casa y, al bajarse del automóvil e ir caminando hacia la entrada, salió su esposa, feliz, con una sonrisa de oreja a oreja a recibirlo, y se dieron un beso tierno y lleno de esperanza, y eran ella y él, vaya coincidencia, ni tenía idea de dónde vivían… Pero al fin, entraron y cerraron la puerta…
Y yo me quedé ahí caminando en la acera, haciendo el esfuerzo de que no notaran que me había quedado casi petrificada por la escena casi irreal que ellos habían protagonizado. Seguí caminando, dando pequeños pasos lentos por la acera como suelo hacerlo; pero esta vez iba mucho más lento, sin darme cuenta había comenzado a cuestionarme, a meditar sobre todo lo que les pasaba a ellos y no me pasaba a mí; iba sintiendo lo que se siente reconocer todo lo que hace tiempo ya no se siente… Esa tarde caminé más lento que nunca, creo que el camino de mis pensamientos hacia mi interior es mucho más largo de lo que yo hubiese pensado, porque esa fue la caminata más larga que he dado, una caminata hacia mí misma, hacia lo que siento y lo que quiero y no tengo. En esa caminata me tardé casi una hora, para recorrer una distancia de menos de 1 kilómetro. Pero de más de 1000 días de soledad; soledad acompañada y soledad sin compañía.
No sé cómo explicarlo, pero fue cruel analizar, con ese hueco en el corazón, lo mucho que en algunos momentos se ahnela una caricia, una sola caricia; y no me refiero a las caricias del sexo, sino a caricias mucho más profundas, esas que sientes más allá de la piel, esas que incluso se dan con una mirada, con estar cerca, con un toque en la mano, ó con un abrazo. Fue también cruel analizar lo mucho que se vive de esta vida, acompañado en soledad…
Con la vida, el trabajo, las compras del mes, el tráfico vehicular, los asuntos personales que no son tan personales, y las actividades a las que debemos ir, aunque no queramos… Con todo eso tapamos, o escondemos dentro de nuestro “mundo ajetreado”, todas las necesidades que realmente tenemos como seres humanos, y las vamos arreglando luego de manera superficial. Por ejemplo, un día sumamente triste se puede mejorar un poco saliendo por ahí a caminar mientras se relaja la mente y hasta el corazón. Una lágrima se puede convertir en una sonrisa si alguien se acerca te da un abrazo y te dice algo para hacerte reír… Pero eso no es esa felicidad que realmente buscamos, ni es arreglar nuestras cosas, ni es lo que realmente necesitamos, aunque se arregle por un momento. No podemos pasarnos la vida con máscaras, ocultando las cosas, disfrazando lo que necesitamos con trajes de ocación, con arreglos de momento, por guardar apariencias o no reconocer que no se es tan feliz como se quisiera… Nunca podremos sentirnos tan omnipotentes como para no necesitar a alguien, o no necesitar una caricia, un poco de amor, del que llega al alma y reconforta, pero también, del amor que se da en las caricias de pasión… Siempre existe esa necesidad de ser otra vez sentido y sentir; esa hambre, ese antojo de dar unos besos, de dejarse llevar, de dejarse caer… Nada hacemos guardando siempre la imagen de pulcritud, porque somos “personas decentes”, si no somos de piedra, no. Como canta una vieja canción de Joaquín Sabina: “La buena reputación es conveniente dejarla caer a los pies de la cama, hoy tienes una ocación, de demostrar que eres una mujer además de una dama…”
Pues sí, así como se lee, la buena reputación, la apariencia de todo lo que debemos ser, aunque por debajo de la piel se sienta mucho más… Acaso debemos siempre esconder nuestros instintos, escondernos tras la máscara de no necesitar a alguien por estar muy ocupados, muy llenos de trabajo, de estudio, de obligaciones, por estar con la persona incorrecta, por no querer estar con la persona correcta, o por no poder traspasar esa delgada línea de la infelicidad a la dicha, solamente para quedarle bien a los demás, y no mostrarnos débiles… Parte de la gran infelicidad del ser humano existe por la mentalidad de conformarse, de aparentar… Aparentar ser feliz cuando no se es, aparentar estar bien cuando estamos hechos trizas, aparentar no necesitar de alguien, cuando necesitamos urgentemente un abrazo, una señal de vida que nos diga que aún estamos vivos, que existimos; que no somos ese reflejo de ser humano caminando, trabajando, comiendo y durmiendo cada día, que está a pocos pasos de convertirse en un robot…. Porque la realidad es que dentro de esa delgada capa de frialdad hacia nosotros mismos, estamos vivos, con miles de deseos, de anhelos, de miedos, y de sensaciones dormidas, que esperan ahí para despertarse otra vez.
Tenemos necesidad de compañía, porque siempre necesitamos sentir que sentimos, dejarnos llevar por esos momentos en los que los pies se nos pierden del suelo, y se nos va la cabeza en ese tren lleno de sensaciones, porque sí, es bueno dejarse rendir por esas cosas que nos quitan esos antojos de piel, esos antojos que a diferencia del hambre de pasión simple y llana, son antojos que nacen de lo más profundo de nuestro interior, y que aunque deseemos, no deberíamos ocultar, porque en ellos están asfixiándose por no poder respirar ni vivir, esas cosas que siempre guardamos para no mostrar nuestra debilidad. Talvéz suene complicado, pero si alguien lo siente, sabe lo que se siente ese sentir; no tengo nisiquiera necesidad de explicárselo.
Simplemente, en esa caminata hacia mi interior, descubrí que aunque queramos vivir diferente, ocultando sentimientos, no debemos ocultarnos de nosotros mismos, ni dejar morir tantos deseos, sin haber nacido; no deberíamos jamás ponernos límites, e imponernos conductas, simplemente para estar bien con los demás, o con lo que erróneamente creemos que queremos, para quedar bien con ideales, reglas o palabras, a costas de quedar muy mal con nosotros mismos. Porque ver felicidad, y no tenerla, duele, desde el hambre hasta los huesos.
20/12/2005
Porqué ver sólo las Des-Gracias y no las Gracias?

Hoy, camino al trabajo pensé en todo lo que ha pasado este año, o al menos lo que el tiempo de camino me dejó pensar al respecto…
Pensé en todo lo malo y lo bueno que pasó; de lo malo prefiero no hablar, porque debido a lo malo que aconteció este año, debo declarar que al menos para mí está época está siendo un poco difícil… Y de lo bueno… pues me puse a analizar qué fue lo bueno que me sucedió, después de haber visto el recuento de todo lo sucedido escribí en mi cabeza una lista enorme de Des-Gracias, o cosas que hubiese deseado no pasaran y pasaron, y a cambio (como todo ser humano mal agradecido) una lista pequeñísima, casi mínima, de lo bueno que pasó…
Es tan difícil agradecer las cosas a las que estamos tan acostumbrados: la vida, la salud, la familia, el alimento, el trabajo… Pero qué fácil es poner el grito en el cielo por lo que no nos pasó, o lo que nos pasó y no nos gustó… Porque tendemos a ver las cosas buenas únicamente como cosas que nos suceden de manera extraordinaria; viajar, ganar más dinero, comprar un automóvil, etc… Y pues sí, esas son cosas buenas, pero no vemos que las cosas buenas que nos pasan, parecen ser más simples, pero son más abundantes y necesarias para el diario vivir, y nos pasan cada día, a cada hora…
Así que fijándome en las cosas buenas que no parecen ser tan obvias he hecho una lista de Gracias… a ver si me explico con ella de las muchas cosas que olvidamos y que son grandiosas, y que nos pasan cada año…
...Dar gracias...
Por el ángel que siempre está ahí para ayudarme, aunque a veces no lo pueda ver...
Por el trabajo, que me hace crecer, superarme, alimenta mi espíritu, y me permite vivir…
Por poder levantarme cada mañana y poder ver el sol...
Por García Márquez, otros escritores y sus libros; y por la música que alegra mi alma... (Los discos nuevos de Arjona y Sabina, y tantos más…)
Por la bendición de mi familia.
Por mis ojos, que han visto tantas cosas bellas y que con esas imágenes llenan mi alma…
Por poder discernir de lo bueno y lo malo, caminar, hacer mis cosas, ayudarme y ayudar.
Por la salud, sin la cual no tendría vida, o no podría disfrutarla, y la gente bondadosa que te ayuda y te abre el corazón.
Por los amigos, pocos, pero verdaderos; que consuelan mis lágrimas y en quienes puedo confiar...
Por aquellos que me desean el bien, porque al formar parte de mi vida ya son mi bien.
Por la oportunidad, que me ha visitado tantas veces…
Por mi corazón, y el amor y todo lo que guardan...
Por los tiempos de lágrimas y todo lo bueno y lo malo, que me han hecho ser quien soy...
Por la voluntad de Dios, que a pesar de ser en algunos momentos incomprensible, es la mejor...
Dar gracias porque es más fácil quejarse de lo que no se tiene, que ver todo lo que nos sobra...
23/12/2005
Para ustedes con amor...

Estos días algo me ha pasado, es como si de pronto se me hubiese ido toda inspiración, o no sé por donde comenzar a escribir... Entre tanto y tanto de navidad, cenas, fiestas, regalos y año nuevo, parece que yo me he quedado sin nada... a pesar de tener tanto. Pero creo que todo es una confusión, o una fusión de tanto sentimiento que hay dentro de mí...
Voy camino a casa tratando de escribir, para ver si entre líneas encuentro la respuesta a qué es lo que me pasa. Será precisamente eso, eso que se me ha venido a la cabeza de repente al escribir; será precisamente que no me pasa NADA... O será que al contrario, me pasa la vida por primera vez, y en forma maravillosa, y aún no me doy cuenta...
Cada instante, cada día, nacen en mí mil historias que contar, cosas nuevas por decir, tanto que quiero conocer, de tanto que he vivido y a veces no comprendo, y talvéz aún no asimilo. Y quisiera escribir tanto para así conocerme mejor, en esta metamorfosis que creo me acontece... Es como si un cambio estuviese ocurriendo en mí, extraño, ajeno, no esperado... Y yo aquí, pequeña, asustada, con la cara llena de angustia, y el alma llena de confusión, ante este gigante llamado por el destino, "futuro".
Qué intento? Será consciente o inconsciente? No lo sé, en este año que está por concluir, me he dejado llevar por el corazón, y aún no sé si ha sido para bien o para mal. Será que estos tiempos de navidad están actuando sobre mí en una forma que no logro comprender... No sé siquiera qué es lo que está ocurriendo en mí. Y de este tipo de situaciones, nacen los cambios más sorprendentes; lo único curioso, es que se siente el cambio en progreso, pero no se sabe hacia donde va.
Talvéz esto que siento provenga de que en este año además, me he dejado llenar de una literatura exquisita, que está más allá, mucho más allá de cualquier estantería de librería, sencilla o elegante... Una literatura que no tiene editores, ni publicistas, ni precio; pero que está -talvéz-, más llena de vida y de espíritu, que toda la demás. Este año les he descubierto a ustedes, "los blogeros", los que han llenado mi vida de historias inimaginables para mí, de acertijos que no conocía y que aún no logro descifrar del todo, y de puntos de vista que antes me estaban negados por no conocerles, ni en letras...
Ustedes, me han llenado de vida, de amigos invisibles, que ni conozco ni imagino, pero que al roce de una tecla siempre están ahí, y que van conmigo a todo lugar con solo que recuerde en un pensamieto sus palabras. Es curioso si uno se detiene por un momento y hace que el cerebrop deje de pensar un instante, ver lo que un pequeño "blog" puede comenzar a hacer en uno como individuo.
Tiempo atrás, abría el "Google" para ver si encontraba algo "interesante" que me sacara del ajetreado mundo monótono, pero siempre diferente del trabajo y los oficios. Hoy por hoy, descubro cada día la iniciativa, la vida, la expresión de tantas personas, totalmente lejanas, que al igual que yo, sueñan y viven a pesar de todo, y que por cosas de la vida siento tan cercanas a mí, aunque un día caminando por la calle, puede que nos crucemos en el camino y ni siquiera nos reconozcamos.
Y por eso, talvéz analizando un poco, lo que ocurre es que además de un cambio, sucede, que entre todo lo que les leo, ya no sé ni por dónde empezar a escribir, ni qué cosa contar... Por eso quise escribir esto que es pura sinceridad, una confesión de que tengo una nueva parte de mi vida que está haciéndose un espacio en mi interior, y ahora, camino a casa, veo en mis palabras reflejada la razón. Es este sentimiento nuevo, y desconocido por esta red de gente que dirige sus pasos más allá de el camino ya trazado, y que quiere más y da más para el mundo, cambiando pensamientos, compartiendo vivencias y haciéndose espacio en un corazón a la vez...
Todo gracias a la literatura, a ese grupo de palabras que se unen para llenar el alma, y hacernos volver a pensar en tantas cosas, y hacernos revivir ese derecho dormido, pero siempre vivo que se llama libertad de expresión. Gracias a todos por sus palabras, por sus historias, por sus opiniones, y por los cambios que logran cada día, en tantos corazones, con solo el hecho de compartir, al dejarse leer, e inspirarnos más al leernos y regalarnos unas palabras ... Y pensar que algunos expertos en literatura se atreven a decir que ya la gente ni gusta leer, ni gusta escribir... Vaya, se ve qué poco que leen! (Ellos por supuesto, jamás nosotros).
Un abrazo, y mis mejores deseos de felicidad en esta Noche Buena. Abrazos para todos, y bendiciones para sus familias! Y a esperar paciente esos cambios internos y externos que se aproximan, esperemos que para mejor...
Que la pasen lindo y llenos de amor!
27/12/2005
Reflexión o monólogo... Será que respiramos el aire de la idiotéz?
Estos días horrorosos (para mí al menos) de fiesta, no sentí nada, mientras adentro me pasaba la vida, me sucedía todo… Sí, le extrañé, lo reconozco, y eso me pareció extraño, y la razón que me ha hecho sentir tan miserable esta navidad fue el estar sola, y no tener a nadie, y recordarle en cada momento, -y eso fue una mier...- (Y perdón a los que lean por la palabrota... pero así lo sentí!) Pero si recordamos a alguien que no nos ha valorado da una sensación que no nos gusta...Si recuerdo el comienzo, tuve más de 50 razones para no amarle, y sin embargo me enamoré… No sé porqué o cómo, simplemente sucedió, y aún ahora tiempo después, cuesta superar algunas cosas… y no puedo esconder algunos sentimientos, igual que no puedo tapar el sol con un dedo de mi mano…
No recuerdo bien cómo pasé de la primera a la última fase del enamoramiento, o el proceso conocido como tal, llámese atracción, deseo, o soledad, no recuerdo cómo di el salto… Lo que sí sé es que caí tan fuerte que hasta el sol de hoy, no había querido volver a brincar para ver otro horizonte.