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03/04/2006
La vida te da lo que tu pides...

Será cierto?
Dicen, dicen y dicen tantas cosas sobre la vida, sobre cómo se debe enfrentar, sobre todo lo que somos, vivimos y nos pasa, y para ser sincera ya no sé si dicen por decir o porque sea verdad.
Cuántas veces me he levantado de la cama, aún sin haber podido dormir, con los ojos aún húmedos por el llanto, y el pecho lleno de dolor. Cuántas veces he querido dormir y dormir, y despertar sin dolor. Aún cuando le pido a la vida fuerzas, entereza, entendimiento... Y no me lo da; entonces?
Porque hay tantas teorías de que debemos pensar, actuar y vivir de una forma, si al fin y al cabo eso del positivismo, del aura, de lo que atraes con tu mente, no funciona para todos. Generalmente conocemos gente que nos sorprende porque todo les sale bien, son sanas, felices, llenas de amor y gente que les quiere, tienen éxito, etc... Y nos vemos a nosotros, de reojo (con el temor de examinarnos realmente) y quizá somos felices en el campo laboral, o el académico, o el personal, pero no en todos los sentidos...
Será que la gente que se dice ser plenamente feliz, en realidad nos esconde sus más profundos temores y sufrimientos, o que nosotros no estamos tan "preparados" mentalmente para rodearnos de felicidad. Será que aunque le pidamos a la vida todo lo que deseamos, no lo hacemos de la forma correcta, o peor aún, que mientras caminamos por el largo camino de nuestra historia, vamos dejándole a la gente las señales equívocas de quienes somos, y de qué queremos? Será que en el fondo, somos hipócritas, fariseos de nuestro propio destino.
Cómo podemos ahogarnos en llantos y dolores, que cuando tengamos 40 ó 50, y veamos hacia atrás vamos a reprocharnos; y no por el hecho del error, sino por perder nuestra vida en sufrimiento, o negarnos posibilidades. Por gastar nuestro tiempo encerrardos mirando el televisor, esperando que sirva de escape a nuestra vida, como si una pantalla con reflejos de otras vidas y situaciones nos anulara el dolor del alma? Cuando miremos hacia atrás, y veamos que tenemos arrugas, que ya no tenemos el físico que teníamos, ni las ansias, ni la fuerza, ni el deseo, ni la vida por delante, de qué nos va a servir, todo el tiempo que gastamos sentados o tirados en una cama sufriendo, mirando el televisor, ocultándonos del mundo y de la vida por miedo a sufrir? Porqué nos negamos a ver todas las posibilidades que hoy, tenemos en frente de nosotros mismos?
Porqué nos presionamos y nos sentimos culpables si no sabemos qué hacer con nuestra vida, si nisiquiera por tener los planes hechos sabemos realmente si los vamos a lograr concretar. Entonces, porqué nos desespermaos por saber qué haremos en 2 años, si puede pasarnos un milagro y cambiarnos todo? Si la vida, nos llena de sorpresas, y generalmente no las esperamos ni sabemos cómo reaccionar ante ellas, ya sean agradables o desagradables. Y lo peor, nos ahogamos en dolores que parecen ser el fin, y en unos años cuando miremos atrás, puede que hayan sido el principio.
Entonces, porqué nos dicen y nos juran que la vida nos da lo que nosotros le pedimos, si nisiquiera sabemos qué pedir, si algunas veces solamente pedimos que se vaya el dolor y no se va, si otras, pedimos y lo que pedimos nunca llega?
"La vida es aquello que te va sucediendo mientras tú te empeñas en hacer otros planes" John Lennon.
08/04/2006
Fuera de mis fronteras.
La distancia limita la presencia física de las personas que queremos, pero el pensamiento no tiene límites, y donde sea que esté la gente que queremos, siempre estará en nuestro corazón…La vida nos enseña que en la vida todo sucede por algo, aunque a veces nos cueste mucho entenderlo, e incluso nos duelan las cosas al punto de partirnos el corazón… Sé, y lo reconozco que en estos días he escrito tanto de tristezas, que casi debería titular el blog “con lágrimas en los labios”, pero la verdad es que son épocas, y esta época de mi vida está un poco teñida de ese sentimiento que te aprieta el pecho y te quita un poco el aire, poco a poco, y a veces de repente de manera inevitable, y te hace estallar en llanto. Pero espero, y lo sé que más adelante vendrán cosas muy bellas llenas de alegría y color, llenas de esperanza.
Hoy, sé que más allá de donde vaya cualquier sentimiento, el amor que se siente por un hermano, es de los más grandes del mundo, y es capaz de romperte el corazón al verte lejos, y de llenarlo al mismo tiempo de esperanza y alegría al ver que se cumplen los sueños de quienes queremos. En efecto para quienes lo leyeron, mi hermano, la persona a la que más quiero en el mundo, ha sido escogido para obtener una beca para estudiar en el extranjero, lo que él más ha soñado; esa enseñanza que le permitirá algún día, “tener la bendición de salvar la vida de alguien con sus propias manos” como él mismo dice. Obviamente por eso, yo me siento muy feliz por él, llena incluso de un orgullo de que sea tan definido en su forma de pensar como para luchar y seguir por sus sueños, y llena de esperanzas de que Dios esté siempre con él y de que todo vaya muy bien.
Pero contradictoriamente, por otro lado, tengo literalmente el corazón partido en dos, lleno de alegría y con mucho dolor. No sé si tendrán razón y sea egoísmo, no lo creo, simplemente he sido siempre su “hermana-mamá”, y somos los dos mejores amigos, los confidentes, él es mi apoyo cuando no puedo más, ese bastón en el que yo confío para sostenerme cuando no tengo fuerzas, y la persona en la que más confío y creo en mi vida. Compartimos tantas cosas, vamos al cine, a comer, nos ayudamos en casi todo, vamos al gimnasio, somos los mejores amigos de verdad; por eso es que esto duele tanto, por eso es que el hecho de separarme por tanto tiempo, aunque él vuelva cada año, me parece algo tan difícil de manejar.
No sé, ni tengo idea de cómo voy a salir de la casi “depre” que tengo, por el hecho de quedarme sin esa mitad de mí misma, por el hecho de llegar a la casa y ver que todo está sólo, que mi madre –con quien por desgracia no tengo la mejor relación- está en su cuarto, y yo entrar al mío, y no escuchar ruido, ni ver (incluso) el desorden de las cosas algunas veces tiradas por ahí, de no tener a quien llegar a contarle lo que me pasó en el día, o con quien salir por ahí, de no tener con quien compartir mi vida en muchos sentidos. Mi hermano es como una parte de mí misma, y siento que se me parte el alma, pero me siento feliz y realizada por él, por su logro, porque cumpla sus sueños, y espero que Dios lo acompañe y lo guíe, y lo proteja siempre, y que todo sea éxito y prosperidad en cada paso que de.
La verdad esto se me parece –y no puedo evitar pensarlo-, a lo que debe sentir una madre cuando ya todos sus hijos hacen su vida y se van de casa, o cuando alguien vive con otra persona y en algún momento una de ellas se va y queda solamente el recuerdo y el vacío de todo lo que esa persona dejó…
Pero esto no es eso, es simplemente dolor de quedarme sola, y no compartir con él, saber que pasarán tantas cosas en su vida, de las que de una manera u otra –a pesar del Internet y el teléfono- no seré parte completamente, como cuando viva su primer amor, y verle esa mirada en sus ojos cuando esté enamorado, y saber que es feliz, de estar con él cuando gane una excelente nota y salir a festejar; pero bueno, ya seré una compañera cibernética en sus emociones y en su vida, y en esa nueva experiencia que esté por comenzar.
12/04/2006
Como utilizar la luz de un cometa para alumbrar un burdel.
Tal parece que hoy no se es mujer a menos que se tengan las piernas de Sharon Stone, los senos de Pamela Anderson, el lunar de Cindy Crawford y las nalgas de Jennifer López. La belleza plástica, la proporción de la forma y el esplendor puramente cosmético constituyen la definición, la esencia misma de la mujer contemporánea. La modelo, la vedette de almanaque, la beldad "oficial" son en nuestra sociedad productos de consumo, objetos fabricados para el manoseo mental de la turba, adorno de portadas, sonrisas de cartón, carnada de las pancartas publicitarias. Son deidades ungidas por la sociedad de consumo, fetiches de las masas ciegas, sordas y mudas, ídolos efímeros ante los cuales se prosternan tan sólo los peleles.
Digámoslo alto y claro: por bella que sea, una mujer no es, no puede ser, nunca será una mera calcomanía, un logotipo, un emblema del consumismo auto gratificador. Son muchas las jóvenes que creen tocar el cielo cuando ven esos ojos, esa boca, esos senos suyos merecedores de tan diferente homenaje, engalanar los anuncios de carros, de cigarrillos o cerveza. ¡Valiente titulo de gloria: el saberse la fantasía masturbatoria de una pacotilla de jetas!
¡Usar el cuerpo de la mujer para vender porquerías es como utilizar la luz de un cometa para alumbrar un burdel!
La reducción de la mujer a sus meros atributos físicos es, entre todos los artificios de manipulación que el hombre ha creado para su satisfacción personal, uno de los más viles y nocivos. Entendámoslo de una vez: la mujer no vino al mundo para fungir como un puntual y solícito agente del placer masculino, su misión no estriba en proveer la constante gratificación del macho. ¿Es acaso que unas libras de más privan automáticamente a una mujer de su derecho a ser amada? ¿Por qué si esas son las reglas del juego, lo justo sería que también los hombres, árbitros intransigentes y absolutos de la belleza - se sometan a ellas?
Exijámosle entonces a cada pretendiente la musculatura de Schwarzeneger, la sonrisa de Cary Grant y la gangsteril sexualidad de Robert De Niro: ¡A ver qué pasa! El efecto de tales expectativas sobre el hipertrófico ego del macho latino sería tan devastador, que de inmediato tendríamos una legión de neuróticos e impotentes sexuales por hombres. Y sin embargo, este es, ni más ni menos, el tratamiento que durante siglos hemos infligido a la mujer. Una de las más interesantes --y divertidas-- consecuencias de la liberación femenina es que ahora la mujer puede también darse el lujo de "cosificar" a su compañero, y darle a probar de su propia medicina: compararlo, medirlo, convertirlo en objeto estético y comentar sus dones - o falta de ellos - abierta y desenfadadamente. Ya veremos cuanta inseguridad genera esto en aquellos que alguna vez se autoproclamaran pontífices incontestables de las formas y volúmenes físicos.
No me malentiendan. Nada tan lejos de mí como despreciar la belleza corporal, o ensayar aquí una apología de la fealdad. Bien que mal soy músico y, como todos los de mi gremio, padezco de una incurable debilidad por la magnificencia de los contornos y las texturas. Sostengo tan sólo que la belleza es plural, y se presenta en tantas formas como mujeres hay. No es, en última instancia, la belleza la que suscita el amor, sino el amor el que engendra la belleza.
Mujeres del mundo: cesen de una vez por todas de atormentar sus cuerpos con cirugías plásticas, liposucciones e implantes de silicón a fin de conformar con un arquetipo arbitrario y convencional de belleza, o de secundar los caprichos de algún mae. El problema no está en ustedes, sino en la trágica miopía de sus compañeros, de esos pobres ilusos que tienen la luna en sus manos y aún no se han dado cuenta.
Las mujeres siempre serán bellas, porque jamás conocí a una mujer que no lo fuera. Nada tan hermoso como el cuerpo de la mujer que lleva las marcas de la vida, del trabajo, de la maternidad: desde el punto de vista puramente cosmético es quizás menos glamoroso, pero el hombre sensible sabe reconocer en él la prueba de un rasgo sublime: la capacidad de amar algo o a alguien más que a sí misma, de postergar su propio ser en aras de un hijo, de una obra, de una misión trascendente.
Las arrugas no son vejaciones infligidas por el tiempo, son antes bien títulos de gloria, condecoraciones que la vida nos confiere. Hay fuego en la mujer joven, pero en la mujer madura hay luz, esa luz purísima que vivifica en lugar de abrasar. El mundo esta harto de chiquitas relamidas y carilindas. Denme una mujer verdadera, una mujer con letras Mayúsculas: MUJER, y guárdense a sus muñequitas de almanaque, tan plásticas y deleznables como el papel en que sus sonrisas están impresas.
Denme la mirada alucinada de Juana de Arco cuando auscultaba el silencio; la frente umbría de Marie Curie, altiva en la solitaria vigilia de su trabajo; los senos pródigos de la libertad que conduce al pueblo, tal como lo soñara Delacroix; las manos de Camille Claudel, domadoras del bronce; el delirio de Isadora Duncan; las abismales visiones de Frida Kahlo, la pureza y la humildad magnífica de la Virgen María: he ahí el linaje de mujeres que el mundo necesita desesperadamente. Lo demás, señores, es mera superficialidad.
19/04/2006
Gente buscando gente

Cuántas veces nos hemos llenado de excusas, de discursos mal creados e historias que en el fondo no nos creemos ni nosotros mismos...
Dejémonos ya de tanta alharaca y vayamos al punto y seguido. “A todos, absolutamente a todos nos hace falta un corazón...” Nadie puede ser tan omnipotente para sentirse poseedor de tal poder, de no necesitar cariño.
La verdad, la pura y transparente verdad es que cada uno de nosotros es dueño de un corazón solitario, y buscamos en nuestra vida cotidiana otro corazón, para sentirnos vivos. Vivimos esperando inconscientemente encontrar una persona especial que nos haga sentir vivos, y la realidad es que no sabemos siquiera si estamos preparados para eso. Somos seres ambulantes en un mundo que llenamos de ocupaciones y estereotipos que ya son asumidos por la sociedad como los correctos, para poder subsistir y encajar perfectamente en esa figura que crea la vida de nosotros, pero que en realidad desconocemos, porque no refleja lo que hay en nuestro interior.
Hoy me veo después de tantos años, delante de esa jovencita que fui, cuando no era ni la mitad de la mujer que ahora soy, y siento la nostalgia de esa inocencia, de esos sueños llenos de fantasía que tenía y conocía como la “realidad” en aquel entonces: cuando creía que el amor era eterno, que cuando alguien te decía “te quiero” era verdad, que el amor era una explosión de sentimiento de esas que sólo vemos gracias a la pantalla grande, -aunque el cine se mude a nuestra casa, al sofá de la sala de estar-, de esas fantasías que te llenaban el pecho de mariposas, y te hacían fantasear horas con otra persona, enamoradas de ese “ideal ficticio” que nos habíamos creado, al que ya le habíamos concedido tantas virtudes inexistentes, que no era para nada amor real…
Me detengo un minuto y me veo a mí misma, a la persona que soy hoy, y veo a la mujer que hay dentro de mí: una mujer llena de cicatrices, llena de dolores sin curar, que no hay doctor ni medicinas que los puedan sanar, realizada en algunas cosas, orgullosa de lo que ha hecho en otras, pero también llena de vacíos, llena de temores,Hoy en día la mayoría nos encerramos en un círculo en el que jamás hubiésemos pensado entrar, nos levantamos cada mañana cinco días a la semana para acicalarnos, ir a trabajar, hacer lo que tenemos que hacer, salir del trabajo, ir al gimnasio, volver a la casa, medio masticar algo entre dientes, e incluso con alguna pereza, ver pasar los canales de la tv. Y nos dormimos para iniciar el mismo ritual al día siguiente. Los fines de semana, descansar es casi una alucinación, el sábado es el tiempo de hacer la compra del mes o la semana, de arreglar los desórdenes, de lavar, de cocinar, de ir al salón, de hacer los “mandados”, es un tiempo de más trabajo, para luego llegar y quizá salir el “sábado por la noche” un rato a regañadientes; casi contra nuestra voluntad misma, porque la costumbre de quedarnos en casa nos quiere ganar la partida, y el domingo –santo domingo- es el día eterno de “nosotros” para si queremos quedarnos durmiendo, o achantarnos frente al televisor a hacer literalmente “nada”. Porque si hay un tiempo en la vida realmente desperdiciado en casi un 80% sino más, es el que perdemos mirando el televisor. Aunque para suerte de algunos, existen todavía, programas de la BBC, Discovery, National Geografic, u otros que son muy buenos, pero por desgracia son los más pocos...
Y me pregunto: Qué vida es esa? O me retracto: Qué, esa es vida?
Dijo Joaquín Sabina en una canción: “No salgo a buscarte porque sé que corro el riesgo de encontrarte...” Y esa frase parece una predicción: la mayoría de nosotros estamos tan temerosos de encontrar lo que buscamos que nos conformamos con seguir recluidos en nuestro caparazón de miedo y protección. La mayoría de gente que conocemos, (con algunas excepciones “extra-ordinarias” claro está, para gloria y esperanza de nuestra ilusión); está infelizmente casada, divorciada, son infieles felices, o son fieles no felices, tienen una pareja por hacer algo diferente, o están con alguien mientras quieren a otra persona, o están con alguien porque la persona a la que quieren ya no les quiere, o se quedaron con alguien por un hijo, o creen que quieren a alguien sin quererlo, o se excusan a sí mismos diciendo que no quieren a quien sea, por no darse la oportunidad, por temor a sufrir, por no intentar, ni luchar, ni querer vivir la vida, que cada día se nos va, a cada minuto; o son personas que están solos esperando que del cielo les caiga el amor sin salir a buscarlo. Y si hacemos números nos damos cuenta que esa situación es la que nos rodea en un gran número, claro si somos realmente sinceros y vemos a nuestro alrededor con ojos de verdad, y no de compasión, o pretexto.Nos sentamos horas a quejarnos con los amigos de porqué estamos solos? Y qué hacemos al respecto? Cuántos nos preguntamos eso cada día, y nos quedamos encerrados en ese mismo círculo de amigos, de rutina, de todo, o mejor dicho de nada, sin mover ni un dedo del cuerpo para encontrar lo que queremos? Cuántos nos pasamos la vida construyendo muros para protegernos, sin darnos la oportunidad de arriesgar, sin percibir que si queremos estar con alguien es necesario arriesgar? Si no cambiamos el miedo, a salir nuevamente heridos, ni la costumbre de quedarnos solos para no sufrir; el amor no llegará a tocarnos la puerta sin habernos al menos “mirado pasar”. Debemos ir, salir nosotros a buscarlo, ya sea amor real, ó “casi amor”, para reconciliarnos con la vida y tener una ilusión para vivir de vez en vez. Si no hacemos algo para arreglar nuestro presente, dentro de unos años, muchos quizá, volveremos nuevamente a observarnos, y tampoco seremos lo que nos habíamos imaginado.
La vida favorece a las mentes positivas, a los que a manos llenas dan sin esperar recibir, la vida no ayuda al que no quiere ser ayudado, ni saca de la sombra al que no quiere ver la luz. Si nosotros no hacemos nada por nosotros mismos, nadie lo puede hacer. Si pasamos la vida llorando y arrepintiéndonos porque Juan, Luis, ó Miguel, no nos quisieron, ó porque alguien no se dignó recibir nuestro amor, entonces nunca tendremos los ojos claros para mirar, ni el alma lista para abrazar, a esa persona que nos busca y que buscamos, y que aunque suene muy inexacto, algún día podríamos encontrar...
Dicen que: “Los arrepentimientos son una pérdida de tiempo, porque son el pasado paralizándonos en el presente...” Y creo que es cierto!
20/04/2006
Elogio de la mujer brava

A los hombres machistas, que somos como el 96 por ciento de la población masculina, nos molestan las mujeres de carácter áspero, duro, decidido. Tenemos palabras denigrantes para designarlas: arpías, brujas, viragos, marimachos. En realidad, les tenemos miedo y no vemos la hora de hacerles pagar muy caro su desafío al poder masculino que hasta hace poco habíamos detentado sin cuestionamientos. A esos machistas incorregibles que somos, machistas ancestrales por cultura y por herencia, nos molestan instintivamente esas fieras que en vez de someterse a nuestra voluntad, atacan y se defienden.
La hembra con la que soñamos, un sueño moldeado por siglos de prepotencia y por genes de bestias (todavía infrahumanos), consiste en una pareja joven y mansa, dulce y sumisa, siempre con una sonrisa de condescendencia en la boca. Una mujer bonita que no discuta, que sea simpática y diga frases amables, que jamás reclame, que abra la boca solamente para ser correcta, elogiar nuestros actos y celebrarnos bobadas. Que use las manos para la caricia, para tener la casa impecable, hacer buenos platos, servir bien los tragos y acomodar las flores en floreros. Este ideal, que las revistas de moda nos confirman, puede identificarse con una especie de modelito de las que salen por televisión, al final de los noticieros, siempre a un milímetro de quedar en bola, con curvas increíbles (te mandan besos y abrazos, aunque no te conozcan), siempre a tu entera disposición, en apariencia como si nos dijeran "no más usted me avisa y yo le abro las piernas", siempre como dispuestas a un vertiginoso desahogo de líquidos seminales, entre gritos ridículos del hombre (no de ellas, que requieren más tiempo, y se quedan a medias).
A los machistas jóvenes y viejos nos ponen en jaque estas nuevas mujeres, las mujeres de verdad, las que no se someten y protestan, y por eso seguimos soñando, más bien, con jovencitas perfectas que lo den fácil y no pongan problema. Porque estas mujeres nuevas exigen, piden, dan, se meten, regañan, contradicen, hablan, y sólo se desnudan si les da la gana. Estas mujeres nuevas no se dejan dar órdenes, ni podemos dejarlas plantadas, o tiradas, o arrinconadas, en silencio, y de ser posible en roles subordinados y en puestos subalternos. Las mujeres nuevas estudian más, saben más, tienen más disciplina, más iniciativa, y quizá por eso mismo les queda más difícil conseguir pareja, pues todos los machistas les tememos.
Pero estas nuevas mujeres, si uno logra amarrar y poner bajo control al burro machista que llevamos dentro, son las mejores parejas. Ni siquiera tenemos que mantenerlas, pues ellas no lo permitirían porque saben que ese fue siempre el origen de nuestro dominio. Ellas ya no se dejan mantener, que es otra manera de comprarlas, porque saben que ahí -y en la fuerza bruta- ha radicado el poder de nosotros los machos durante milenios. Si las llegamos a conocer, si logramos soportar que nos corrijan, que nos refuten las ideas, nos señalen los errores que no queremos ver y nos desinflen la vanidad a punta de alfileres, nos daremos cuenta de que esa nueva paridad es agradable, porque vuelve posible una relación entre iguales, en la que nadie manda ni es mandado. Como trabajan tanto como nosotros (o más) entonces ellas también se declaran hartas por la noche, y de mal humor, y lo más grave, sin ganas de cocinar. Al principio nos dará rabia, ya no las veremos tan buenas y abnegadas como nuestras santas madres, pero son mejores, precisamente porque son menos santas (las santas santifican) y tienen todo el derecho de no serlo.
Envejecen, como nosotros, y ya no tienen piel ni senos de veinte añeras (mirémonos el pecho también nosotros, y los pies, las mejillas, los
poquísimos pelos), las hormonas les dan ciclos de euforia y mal genio, pero son sabias para vivir y para amar, y si alguna vez en la vida se necesita un consejo sensato (se necesita siempre, a diario), o una estrategia útil en el trabajo, o una maniobra acertada para ser más felices, ellas te lo darán, no las peladitas de piel y tetas perfectas, aunque estas sean la delicia con la que soñamos, un sueño que cuando se realiza ya ni sabemos qué hacer con todo eso.
Somos animalitos todavía, los varones machistas, y es inútil pedir que dejemos de mirar a las muchachitas perfectas. Los ojos se nos van tras
ellas, tras las curvas, porque llevamos por dentro un programa tozudo que hacia allá nos impulsa, como autómatas. Pero si logramos usar también esa herencia reciente, el córtex cerebral, si somos más sensatos y racionales, si nos volvemos más humanos y menos primitivos, nos daremos cuenta de que esas mujeres nuevas, esas mujeres bravas que exigen, trabajan, producen, joden y protestan, son las más desafiantes, y por eso mismo las más estimulantes, las más entretenidas, las únicas con quienes se puede establecer una relación duradera, porque está basada en algo más que en abracitos y besos, o en coitos precipitados seguidos de tristeza: nos dan ideas, amistad, pasiones y curiosidad por lo que vale la pena, sed de vida larga y de conocimiento.
25/04/2006
-Mucho más que dos-

John Lennon asiste a una exposición de arte de Yoko Ono, y una de las obras cautivó su atención; se dirigió a ella, subió las escaleras, y arriba colgando del techado halló una lupa, miró a través de ella hacia el techado y lo que encontró ahí, lo hizo tener el sentimiento de haberse enamorado de Yoko Ono; lo que encontró ahí, era simplemente una palabra: "YES".
Sub real? No… Maravilloso? YES…
Una fotografía de un álbum de John Lennon llamado “Once upon a time”, que me han enseñado más por destino que por casualidad, ha reformado substancialmente mi forma de ver la vida. Y es tan extraordinariamente expresiva que no consigo dejar de pensar en ella... En la imagen salen él y Yoko sentados en la cama que se observa grande y maciza, en su dormitorio de paredes blancas y amplias, solamente peripuesto por una escalera, una ventana, y un espejo. Están mirando el televisor, que exponía en ese momento alguna imagen de J. F. Kennedy, mientras él toca serenamente la guitarra, y ella lee y escribe... Juntos pero no revueltos; compartiendo vidas, pero definiendo sueños propios; siendo amantes pero también compañeros y amigos, en una misma cama, habitación, y vida, dos en uno, y uno en dos…
Eso que interna esa fotografía, ha puesto mi cabeza a dar vueltas, madurando lo que yo quiero para mi vida en muchos campos, pero sobre todo en el plano personal - emocional. Y lo que yo concebí al observarla puntualiza lo que yo quiero; sí, así de simple o de complejo: quiero alguien a quien pueda amar sin esclavizarme, con quien pueda compartir sin perder mi propia visión, alguien con quien pueda crecer en conjunto y en forma individual; alguien que aunque no los comparta, respete mis sueños y me ayude a verlos florecer, y que aspire recibir lo mismo a cambio. Quiero alguien que se entregue sin sentirse obligado, que sepa que la unión existe pero no gobernada por reglas sino por afectos, alguien que intuya que compartir es respetar, y que anhele como yo descubrir ese afecto que va más allá de establecer o poseer, ese afecto que edifica puentes para avanzar y aminorar distancias, en lugar de estancarse o devolverse; ese afecto que es íntegro, que no se influencia de opiniones, ni de contradicciones, que se deja ser, que no se rige por la sociedad, que no se recluye en dos personas nada más, sino que acompaña al descubrir el mundo...
La sociedad nos ha hecho creer en estos días, que debemos exigir que nuestra pareja sea casi nuestra propiedad, y que nosotros seamos el eje de su mundo; de lo contrario no hay “amor”, y la realidad es que tanto el egoísmo como la posesión asesinan los afectos. Yo no podría pedirle a alguien que me de todo SU tiempo, que al fin y al cabo es suyo, para sus cosas, para su crecimiento, para alcanzar sus metas, para su trabajo, para su vida, de la que yo soy solamente una parte. No, categóricamente lo afirmo, si yo para estar bien debo coaccionar a mi pareja para convertirme en su todo, creo que la relación va tan determinantemente dirigida al fracaso, como una relación donde del todo no hay interés; al fin y al cabo, todos los extremos son malos. Lo incauto es que muchos, gobernados por lo que “todos” hacen, creen que esas “reglas” son las correctas en una relación de amor y libertad. Y es ahí donde los personajes de esta fotografía nos enseñan que el amor debe existir en libertad, tanto de acción individual, como de apegos con las “reglas” de la sociedad, para existir como quiere ser y no como los demás creen que debe ser.
Esa fotografía, que cargo en mi agenda y que es un recuerdo de un afecto que ya concluyó; me llena el alma cada vez que mis ojos se hospedan en ella, y mi mente y mi alma se recrean imaginando lo que algún día anhelaría alcanzar. Gracias a esa fotografía pasé de pensar que el amor debe esperar, a esperar por el amor; pasé de sentirme presa de tanto que llevaba cargando dentro, a comprender que la vida se va y es mejor vivirla compartiendo que no vivir sin compartir, los besos, las caricias, las risas, y el llanto; pasé de vivir por convencionalismos establecidos, a comprender que la vida se vive cuando lo decidimos nosotros mismos, y que exclusivamente nosotros nos podemos limitar como humanos, porque somos al final, los únicos responsables de nuestros propios actos, y de lo que logramos en la vida.
YES.... la vida se debe vivir como viene, fresca, llena de cosas nuevas ya sean buenas o “malas”, pero con el corazón, y tomando riesgos, porque como dice un viejo poema: “la persona que no se arriesga a nada, es nada, posiblemente pueda evitar el dolor y la pena, pero simplemente no puede crecer, aprender, sentir, cambiar, amar, ó vivir, encadenada por sus propios miedos, es un esclavo, y tiene libertad condicional; sólo la persona que se arriesga es libre”.

